Mensaje 2021-Sep-5

Iguales, pero no idénticos

Hoy, el mundo está tratando de borrar, ignorar o reducir las diferencias entre hombres y mujeres. Nos quiere hacer creer que los hombres y las mujeres son básicamente lo mismo, una opinión no apoyada por la ciencia. Pero la Biblia es clara: Dios creó dos sexos, varón y mujer. Bajo la Ley del Antiguo Testamento, incluso se consideraba una abominación que un hombre usara ropa de mujer o que una mujer usara ropa de hombre (Deuteronomio 22:5), tenía que haber una distinción visible.

En la Escritura, se tratan como iguales a hombres y mujeres (Gálatas 3:28). Ambos grupos fuimos creados a la imagen de Dios, y ninguno es más o menos que el otro. El maltrato, la humillación y la opresión de la mujer, a través de la historia, no es aceptable en la cosmovisión cristiana. De hecho, Jesús se detuvo a hablar con una mujer samaritana, algo que los hombres judíos no hacían, como se evidenció en la sorpresa de Sus discípulos (Juan 4:27); de igual manera, permitió que María se sentara a Sus pies a recibir Su enseñanza, aunque esto vulnerara la ley rabínica (Lucas 10:38–42). Las mujeres fueron las primeras testigos de Su Resurrección, y Él les pidió que lo contaran a los discípulos (Mateo 28:9–10), aunque el testimonio de una mujer no era considerado legítimo en ese tiempo.

  1. Ser iguales no significa necesariamente ser idénticos: todos los seres humanos (hombres y mujeres) hemos sido igualmente creados por Dios a Su imagen, pero reflejamos esa imagen de manera diferente.
  2. Si pudiéramos decidir el nivel de masculinidad o feminidad que sentimos, rechazaríamos la distinción dada por Dios entre los sexos y caminaríamos en desobediencia a los mandamientos que Dios nos ha dado como varones y mujeres.
  3. La mujer y el hombre son iguales, creados a la imagen de Dios, pero distintos en sus roles; cada uno fue creado específicamente varón o hembra, pero capaz de enfocarse enteramente en su caminar con Dios (1 Corintios 7:7). Hemos sido creados como una “obra maestra maravillosa” (Salmo 139:14), y Dios nos ha diseñado a cada uno con un sexo que Él quiere usar para Su gloria.

Contrario a lo que piensa el mundo, debemos “aferrarnos a la rigurosa caracterización de hombres y mujeres”, porque no tenemos la autoridad para redefinir lo que Dios ha creado. El hombre y la mujer comparten en igualdad la imagen de Dios, pero por designio divino son físicamente diferentes y complementarios dentro de los propósitos de Dios.