Mensaje 2021-Sep-11

Serie: La contracultura de la familia

La familia, reflejo de la Trinidad

El hombre como individuo no es la imagen completa de Dios, pero sí lo es la familia. Esto no debe tomarnos por sorpresa, puesto que Dios mismo es una Trinidad, una unidad de tres personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo), lo cual indica que una sola persona no es suficiente para dar una imagen adecuada de Dios.

En ningún lugar se manifiesta tan nítidamente el carácter de Dios, como en una familia cristiana que funciona según los principios divinos. Allí se hace visible la luz del evangelio de nuestro Señor, en contraste con la oscuridad y la maldad que reinan en el mundo. A continuación algunas formas como la familia puede ser un reflejo de la Trinidad de Dios:

  1. El Padre ama al Hijo y le entrega todo lo que tiene (Juan 3:35). Esto se refleja en un padre de familia que ama a sus hijos y provee generosamente para ellos.
  2. El Padre anima al Hijo y le respalda con Su amor (Juan 12:28). Esto se ve en una familia donde los padres motivan a sus hijos y les brindan su amor.
  3. El Hijo hace la voluntad del Padre (Mateo 26:39). Esto se refleja en una familia en donde los hijos son obedientes a los padres.
  4. El Padre comunica todo a Su Hijo (Juan 8:55). Esto se refleja en una familia que comunica abierta y sinceramente todos los asuntos, y en donde los miembros de la familia se escuchan con respeto.
  5. El Padre escucha todas las peticiones de Hijo (Juan 11:41-42). Esto se refleja n los padres de familia que está atento a las necesidades y peticiones de sus hijos y que responden a sus inquietudes y preguntas.
  6. Las personas de la Trinidad se glorifican mutuamente. El Hijo busca la gloria del Padre (Juan 7:18. El Padre glorifica al Hijo (Juan 8:54). El Espíritu Santo glorifica al Padre y al Hijo (Juan 16: 14-15). Esto se refleja en una familia donde cada miembro “estima al otro como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filipenses 2:3-4).
  7. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno (Juan 17:21-22). Esto se refleja en una familia que vive en perfecta unidad.

El propósito de Dios más sublime para la familia en todo tiempo, es que refleje el carácter del Creador ante el mundo. La misma unidad que reina en la Trinidad es la que el Señor desea que predomine en la familia.