Mensaje 2021-Oct-4

Serie: Adicción a redes sociales

No todo nos conviene

El hecho de que Cristo haya perdonado los pecados, no nos da libertad para hacer lo que sabemos que está mal. Algunas acciones no son pecaminosas en sí mismas, pero no son apropiadas, porque pueden llegar a controlar nuestras vidas y apartarnos de Dios.

Con relación a los medios virtuales es importante aclarar que tener Internet o ser miembro de una red social no es pecado; el problema radica en el uso que le demos. Por ello, es importante reflexionar en ¿Cuánto tiempo dedicamos a las redes sociales? ¿Cuánto tiempo podemos pasar sin estar conectados a ellas? ¿Cuánto tiempo pasamos sin estar conectados a Jesús por medio de la lectura bíblica y la oración?

Sería bueno ofrecer a Dios un ayuno de Internet, celular o televisión antes que un ayuno de comida. Seguramente esto traería un gran beneficio al alma y al espíritu:

  1. Nuestro tiempo con Dios debería ser más importante que cualquier red social o cualquier otra cosa; no debemos permitir que algo nos domine. El objetivo detrás de todo lo que el mundo ofrece es distraernos y hacernos perder nuestro enfoque en Dios.
  2. El apóstol Pablo nos recuerda que en Cristo tenemos libertad para hacer cualquier cosa (menos pecar, por supuesto), y que cuando nos encontremos en situaciones de duda entre si es pecado o no, debemos hacernos dos preguntas: ¿Me conviene? ¿Me edifica?
  3. Antes de publicar algo en Internet o en las redes sociales, deberíamos preguntarnos ¿y esto que voy a escribir, subir a la red, o compartir, es conveniente, me edifica o edifica a otros?

Sin duda en estos tiempos es casi imposible no utilizar los medios virtuales para comunicarnos; sin embargo, debemos utilizarlos para bendecir, comunicar el mensaje de salvación, transmitir mensajes que dejen en las personas una reflexión y una mirada llena de esperanza, o dar a conocer lo que el Señor dice en Su Palabra.

Internet y las redes sociales son medios virtuales de comunicación para mostrar a otros el privilegio que nosotros ya tenemos como hijos de Dios.