Mensaje 2022-May-9

Serie: Costumbres Éticas (MANEJAR LA CRÍTICA)

La crítica, según la Biblia

El consejo de un amigo, por doloroso que sea, es mucho mejor que el beso de un enemigo. Un amigo que se preocupa sinceramente por nosotros, quizás tenga que hacernos reconvenciones que a veces son desagradables, pero podemos estar seguros que son para nuestro bien. Mientras que un enemigo puede susurrarnos palabras dulces y alegremente mandarnos a la ruina. Tendemos a escuchar lo que queremos oír, aunque quien lo diga sea un enemigo.

Criticar es expresar opiniones o juicios negativos y contrarios sobre una persona. Muchas veces es correcto criticar los hechos o las actitudes de una persona que está procediendo de manera incorrecta; por ejemplo, un verdadero amigo dirá la verdad aunque se nos haga difícil escucharla.

Jesús fue muy crítico con la hipocresía de los fariseos, y expresó con vehemencia Su desaprobación en varias ocasiones (Mateo 23). No obstante, las críticas de Jesús siempre fueron oportunas y verdaderas y, en última instancia, amorosas. ¿Cómo debe un cristiano expresar sus críticas?

  1. Asegurándose de que la crítica se sustenta en la verdad. Las críticas fundamentadas en rumores no son útiles; son murmuraciones. La crítica desinformada generalmente termina avergonzando al que critica cuando se conozca la verdad (Proverbios 18:13). Algunos fariseos criticaron a Jesús basándose en sus propios razonamientos erróneos; la verdad no estaba en ellos.
  2. Fundamentando la crítica en la Palabra. Podemos criticar correctamente lo que la Biblia critica, pues ella misma dice que es útil para redargüir y corregir (2 Timoteo 3:16). Es decir, la Palabra de Dios nos lleva a analizar críticamente las situaciones cotidianas.
  3. Teniendo cuidado con el espíritu crítico. Hay mucha diferencia entre ayudar a alguien a mejorar y tener un espíritu de crítica. Un espíritu de crítica nunca se complace, espera y encuentra fracaso dondequiera que mira.

La crítica bíblica es útil, amorosa y basada en la verdad; debe ser objetiva y fundamentada en la imparcialidad. La corrección debe ser amable; procediendo del amor, no de una actitud rencorosa. Si la crítica no se puede expresar de acuerdo con el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), es mejor no decirla.