Mensaje 2022-May-10

Serie: Costumbres Éticas (MANEJAR LA CRÍTICA)

¿Cómo manejar la crítica?

La crítica ocupa un lugar preponderante en este mundo de palabras y conversaciones presenciales y virtuales. Puesto que el quehacer humano es fundamentado en el análisis constante de información que luego finaliza en un veredicto a favor o en contra de aquello bajo consideración, nada ni nadie se escapa de la crítica.

La crítica es un examen, análisis, evaluación, opinión, o escrutinio que se hace de una persona, situación, idea, o propuesta; es necesaria e ineludible, porque permite llegar a conclusiones y ayuda en la toma de decisiones. El gran error es asumir que toda la crítica es dañina.

  1. Una crítica que resalta puntos negativos puede ser favorable si es expresada con gracia, sinceridad y bondad. Cuando la crítica se sustenta en los principios bíblicos y el amor al prójimo, fortalece nuestro discernimiento y lo conduce de una valoración subjetiva a una opinión objetiva, favorable y de bendición.
  2. La crítica objetiva o positiva es un instrumento mediante el cual se evalúa una situación con base en criterios contrastables, y cristianamente, validados por la Escritura. Mientras que la crítica subjetiva es la opinión que causa conflictos, pues se expresa con criterios particulares, carentes de objetividad, y que en consecuencia emite juicios arbitrarios, reprochables y mal intencionados.
  3. Es importante prestar atención al modo en que se maneja la crítica. La tendencia constante a juzgar a los demás, puede ser un indicativo de problemas espirituales, como incredulidad, envidia o celos. Por lo tanto, es imperativo crecer en la gracia y el conocimiento del Señor Jesucristo (2 Pedro 3:18) y confiar en la autoridad y suficiencia de la Palabra de Dios (1 Pedro 1:25).

El Señor ha comenzado una buena obra en cada uno de Sus hijos, y la irá perfeccionando hasta el día en que Él regrese (Filipenses 1:6) y por el poder de Dios que obra en nosotros, Él puede hacer mucho más de lo que jamás podríamos pedir o imaginar (Efesios 3:20).

El Señor nos respalda si demostramos respeto y humildad en el trato con los demás y nos ayuda a entender el mucho perdón que nosotros también necesitamos.