Mensaje 2022-May-1

Serie: Relaciones Saludables (DAR PRIORIDAD A LA FAMILIA)

Hagamos del Evangelio una prioridad en la familia

La idea de mantener a nuestra familia como prioridad no es igual para cada persona, y no es igual en cada etapa de la vida de cada familia. Si tenemos hijos pequeños, hoy necesitan más atención que los hijos que ya han salido del hogar. Lo mismo pasa cuando ocurre alguna situación especial en la vida de la familia (enfermedad, crisis, dificultades, nuevos retos, etc.).

Mantener nuestra familia como prioridad no es la prioridad. Nuestra familia es un regalo de Dios; por tal motivo les debemos enseñar el evento de mayor prioridad en la historia de la humanidad, la realidad de que “Jesús por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquél que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15). Esto es lo más importante que podemos y debemos hacer en nuestros hogares.

La manera de alcanzar esto es ministrando a nuestras familias para que sirvamos juntos al único y verdadero Salvador, Jesucristo. Tenemos que mostrar en nuestras casas que nuestro compromiso con el Señor no es algo que compite con nuestra atención hacia ellos, sino como una bendición y un privilegio que podemos compartir juntos. Esto lo podemos lograr:

  1. Orando por nuestro cónyuge y por la salvación de nuestros hijos.
  2. Cuidando a la familia y buscando que el encargo, que el Señor nos ha hecho, lo desarrollemos como familia; que lo vean y lo sientan como algo único, como algo especial.

Recordemos que hacer que nuestra familia sea la prioridad al ministrar es un ministerio en sí mismo. La gente está observando nuestra vida y, mientras amamos a nuestra familia, estamos predicando con nuestra propia vida. Como una vez dijo Francisco de Asís: “Predica el evangelio en todo momento, y cuando sea necesario, utiliza las palabras”.

Lamentablemente, el mundo se encarga de hacer lo posible por destruir las familias, y de alguna manera, nuestro injusto corazón ayuda en ello. Sin embargo, lo que Dios espera de nosotros es que seamos fieles a Su Palabra y procedamos como Él nos ha enseñado.

Somos llamados por Dios a ser luz en nuestros hogares. Si primero somos instrumentos de Dios en nuestras casas, podremos ser instrumentos de Él por fuera de ellas.