Mensaje 2021-Jun-8

Amor de Dios1

El sentirse amado es una de las necesidades fundamentales de todo ser humano. Por eso buscamos el amor en nuestros padres, familiares, amigos, relaciones sentimentales, entre muchas otras. Pero aunque el amor de quienes nos rodean enriquece en gran manera nuestras vidas, también es cierto que en nuestra búsqueda de ese amor muchas veces terminamos manipulados, heridos, rechazados y abandonados.

Esto nos enseña por lo menos dos cosas: el amor humano es imperfecto y no puede suplir totalmente la necesidad que hay en nuestro interior; y, necesitamos un amor más grande, un amor perfecto, que solo lo podemos encontrar en Dios. Consideremos cinco características fundamentales que hacen del amor de Dios la respuesta a una de las necesidades más profundas del hombre:

  1. El amor de Dios es eterno: el amor de Dios por la humanidad no tuvo un comienzo y tampoco tendrá un final. Es eterno, porque es parte de la misma naturaleza del Dios Eterno (Jeremías 31:3).
  2. El amor de Dios es incondicional: el amor de Dios no es como el amor humano; Su amor es incondicional. Él nos ama simplemente porque así decidió hacerlo y prueba de ello es el que nos haya amado aún siendo pecadores (Romanos 5:8).
  3. El amor de Dios es inalterable: el amor de Dios no puede ser alterado de ninguna manera. Nada de lo que hagamos por bueno que sea puede mejorar Su amor por nosotros, ni nada de lo malo que hagamos puede hacer disminuir Su amor (Deuteronomio 7:7-8a).
  4. El amor de Dios es incomprensible: la profundidad del amor de Dios es algo que está más allá del entendimiento humano. La única forma en que podemos experimentar plenamente el amor de Dios en nuestras vidas, es creyendo en la persona y obra del Señor Jesucristo; Él es la máxima expresión del amor del Padre por la humanidad (Efesios 3:17-19).
  5. El amor de Dios es correctivo: una de las pruebas más significativas del amor de un padre es la corrección permanente que hace a sus hijos para formarlos cada día como mejores personas. De igual forma, el propósito del amor de Dios es hacer de nosotros mejores personas, formándonos cada día más a la imagen de Su hijo Jesucristo (Efesios 4:13).

Cuando entregamos totalmente nuestra vida a Cristo, reconociéndolo como nuestro único Salvador y Señor, podemos pedirle al Padre que derrame plenamente Su amor en todo nuestro ser.

El hombre necesita un amor perfecto que solo podemos encontrar en Dios.

 

1 Tomado del libro “Escuchen … o dejen de escuchar” de Fredy Sierra Castro (2009), Ediciones Edifícate.