Mensaje 2022-Jun-4

Serie: Hábitos administrativos (DESAFIAR EL STATU QUO)

El Espíritu Santo con Jesús

Una de las primeras visitas que Jesús hizo fue a Nazaret, lugar donde había pasado la mayor parte de su vida, antes de iniciar su ministerio. No era una aldea, sino una población de 20.000 habitantes, ubicada en la provincia de Galilea.

En contravía con las creencias de la época sobre el Mesías, Jesús con audacia anunció: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes». Se proclamó como Aquel que haría que estas buenas nuevas sucedieran, pero de una manera que la gente era incapaz de entender. En este sentido, podemos destacar varias consideraciones derivadas de esta extraordinaria afirmación de Jesús, con base en lo descrito en Isaías 61:1-2.

  1. Reacción de los asistentes a la sinagoga: la inmediata reacción de los presentes fue de molestia y resistencia por las palabras del Señor, especialmente por el elogio que Jesús pareció dedicar a los gentiles. Empezaron a darse cuenta de que había cosas en el nuevo mensaje con las cuales no se habían soñado.
  2. Obediencia para congregarse: Jesús tenía la costumbre de ir a la sinagoga los sábados; aunque es probable que no estuviera de acuerdo con algunas cosas en la reunión, de todos modos, disciplinadamente, asistía. El culto de la sinagoga tal vez distaba mucho de ser perfecto; pero Jesús nunca dejaba de unirse a los que daban honra y gloria a Dios en el día del Señor.
  3. Una buena noticia: No tenemos más que leer el pasaje de Isaías que leyó Jesús para darnos cuenta de la diferencia que había entre Jesús y Juan el Bautista. Juan era un predicador del juicio, y su mensaje debe haber hecho estremecerse a sus oyentes. Pero lo que Jesús trajo fue un evangelio, una Buena Noticia.

Es evidente que el Espíritu Santo habitaba en Jesús, empoderándolo para desarrollar el gran encargo dado por Dios. Nosotros también, en virtud de la obra de Jesús en la cruz y nuestra aceptación de Él, el Espíritu Santo vive en y con nosotros, todos los días de nuestra existencia. Solo nos queda entregarnos totalmente a Su dirección para honrar al Hijo y glorificar al Padre.

Esta historia nos enseña que nuestro deber como cristianos es congregarnos disciplinadamente para alabar y glorificar al Dios Todopoderoso.