Mensaje 2021-Jun-4

Hijos unidos y aceptados por Dios1

La comunión con Dios no es un concepto teológico abstracto sino una relación viva. Vivir en continuo acuerdo con Dios es caminar en la luz. Satanás no puede acusarnos si vivimos en la luz, aunque vivir en la luz signifique la perfección moral (1 Juan 1:8). Por nuestra tendencia pecaminosa, podemos estar en pecado, pero la confesión mencionada en 1 Juan 1:9 nos pone de acuerdo con Dios sobre nuestro presente estado moral ante Él.

Porque ya somos Sus hijos, podemos ser así de francos con Dios sobre nuestro pecado:

  1. Nuestro estado eterno no está en juego sino tan solo nuestra victoria diaria. No tenemos que parecer ante Dios esperando que nos acepte, porque ya somos aceptados en nuestra calidad de hijos Suyos, de manera que somos libres para ser sinceros con Él. Sabiendo que estamos seguros en Cristo, podemos expresarnos honestamente con Él, quien ya conoce los pensamientos e intenciones de nuestros corazones (Hebreos 4:12).
  2. Sabiendo que somos perdonados, vamos a Su presencia con acción de gracias. Dios es nuestro Padre, y como todo padre, no aprecia a los hijos que se quejan, especialmente porque este Padre sacrificó a Su unigénito Hijo por nosotros.
  3. Dios no se interesará mucho por nuestra lista de peticiones si no hemos sido obedientes con Él; tampoco se interesará en ayudarnos a desarrollar nuestros propios proyectos cuando tenemos que trabajar en el desarrollo del único proyecto que durará: el reino de Dios.

Estar en la presencia de nuestro Padre que nos ama, que ha hecho un increíble sacrificio para que podamos estar ahí, no tiene que ser una experiencia dramática. Él nos invita a Su presencia tal como somos, porque en Cristo, la debilidad y el pecado han sido cubiertos: “Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura” (Hebreos 10:22 NVI).

Somos hijos de Dios porque ya hemos sido aceptados por Él. Nos corresponde cada día, acercarnos unidos a Su presencia como miembros de la Iglesia de Jesús.

 

1 Tomado del libro “Diariamente en Cristo, un devocional” de Neil y Joanne Anderson (1994), Harvest House Publishers. Miami, Florida.