Mensaje 2022-Jun-3

Serie: Hábitos administrativos (DESAFIAR EL STATU QUO)

Dispuestos a perdonar

Jesús, frecuentemente, se apartaba de las maneras de actuar de las personas de la época, y expresaba contundentemente que la conducta de todo ser humano, respecto de sus semejantes, debía tener en cuenta las condiciones y vivencias que les caracterizan.

Estas palabras de Jesús son notables axiomas, al estilo de los proverbios y parábolas de Salomón. El Señor nos enseña que debemos revisar nuestra conducta antes de examinar la conducta de los demás.

  1. Humildad y prudencia al calificar a otros. Debemos ser humildes y prudentes al opinar de las personas, pues también nosotros deseamos que los demás sean prudentes y compasivos al juzgarnos a nosotros. Aún en el caso en que las personas no lleguen a aceptar este buen proceder que el Señor recomienda, estamos seguros que Dios, que lo conoce todo, juzgará conforme al obrar de cada uno.
  2. Tener un espíritu dispuesto a no juzgar. Si tenemos un espíritu solícito a no juzgar ni condenar a nadie y dispuesto a perdonar, seremos recompensados por Dios, y no por lo hombres. No se puede expresar de una mejor manera, en palabras humanas, lo que Dios hace como «galardonador de los que le buscan», pues retribuye a Sus hijos por medio de personas buenas y de circunstancias favorables. Dios no se deja ganar en generosidad y, a quien recompensa, le recompensa con abundancia.
  3. La ética cristiana se basa en la gracia. A menudo la gente pretende ser tan buena como los demás. Es probable que lo sea; pero la pregunta de Jesús es: «¿Cuánto mejor eres tú que la mayoría?» No es con el prójimo sino con Dios con quien nos tenemos que comparar.
  4. ¿Cuál es el fundamento esencial de la conducta cristiana? Que nos hace semejantes a Dios, porque así es como Él actúa. Dios les manda su lluvia a los justos y a los injustos; es bueno con el que le produce alegría, lo mismo que con el que le desgarra el corazón.

Un espíritu perdonador demuestra que una persona ha recibido el perdón de Dios. Si somos críticos antes que compasivos, también recibiremos crítica como recompensa. Si tratamos a otros con generosidad, con gracia y con compasión, es factible que estas cualidades vuelvan a nosotros en mayor medida. Debemos amar a otros, no juzgarlos.