Mensaje 2022-Jun-17

Serie: Hábitos administrativos (USAR EL DINERO A LA MANERA DE DIOS)

Dios es el gran Dador

Jesús usa la figura de medir granos en canasta para asegurarse la cantidad total. Si somos críticos antes que compasivos, también recibiremos crítica en recompensa. Si tratamos a otros con generosidad, con gracia y con compasión, sea como sea, estas cualidades volverán a nosotros en mayor medida.

 Jesús nos enseñó cómo usar correctamente lo que Dios nos ha dado y también a entender que nadie puede dar más que Él. Jesús, también, nos mostró que si obedecemos a Dios y tenemos fe en Él, Él nos bendecirá mucho más de lo que nosotros le hemos dado. A Dios le agrada bendecir a sus hijos obedientes. Por ello, podemos estar seguros de:

  1. Al igual que entre el perdón divino y el humano existe una relación clara, así también entre el dar divino y el humano. Quien da a los hombres, recibe de Dios. Sin embargo, Dios no da porque el hombre que da tiene derecho a recibir, sino porque Él es generoso e indulgente.
  2. Dios da “medida buena”, algo que se enfatiza con los adjetivos “apretada, remecida y rebosando”. Si se sacude el trigo ocupa menos espacio, de manera que una medida de capacidad puede contener más. En la Antigüedad en el Oriente se usaba el “regazo” del manto sobre el cinturón como bolsa, en la cual se podía llevar una cantidad considerable de trigo (Rut 3:15).
  3. No debemos pensar en una relación proporcional entre lo que nosotros damos y lo que da Dios, sino que Jesús nos asegura que Dios nos bendecirá, por ejemplo, con alegría por el hecho de que podemos dar. “La misma medida que ustedes den a los demás” nos recuerda la exigencia de integridad en el comercio, sobre la cual el Antiguo Testamento habla frecuentemente (Amós 8:5; Miqueas 6:10).

Portarse bien con los que se portan bien con nosotros no tiene ninguna gracia; eso lo hacen hasta los más pecadores del mundo. Prestar ayuda a los que esperamos que nos la devuelvan no tiene ninguna gracia; los no creyentes también se prestan entre ellos cuando están seguros de que van a obtener réditos.

Tenemos que amar hasta a nuestros enemigos; tenemos que ser amables con ellos; tenemos que prestar ayuda sin esperar que nos la devuelvan. Si así lo hacemos recibiremos una generosa recompensa y seremos como el Dios Altísimo, que es amable hasta con los desagradecidos e interesados.

El amor de Dios abraza por igual al santo y al pecador. Ese es el amor que debemos imitar; si en verdad procuramos todo lo mejor hasta para nuestros enemigos, seremos hijos de Dios de verdad.