Mensaje 2022-Jun-13

Serie: Hábitos administrativos (USAR EL DINERO A LA MANERA DE DIOS)

Paz, fe y esperanza en el Señor

La vida no consiste en abundancia, sino en tener aquello que es verdaderamente apropiado, no consiste en bienes materiales, sino en tener paz, fe y esperanza. «Miren, guárdense» son dos verbos que nos instan a poner toda la atención en el corazón a fin de dominar los deseos y no tener pensamientos de ambición, con el propósito de impedir que se impongan los criterios de la avaricia.

  1. ¿Qué es la avaricia?: La avaricia es un pecado del cual tenemos que estar constantemente cautelosos, porque la felicidad y el gozo no dependen de las riquezas de este mundo, ni las cosas del mundo satisfacen los deseos del alma. El Señor nos exhorta a obrar con justicia y a no ceder ante las vanidades contemporáneas como la riqueza, el poder, la fama y las victorias sin principios, que normalmente son efímeras.
  2. La recompensa de los seguidores de Jesús es de otra naturaleza: Él dice que el éxito no tiene nada que ver con ser rico. Lo que en realidad es bueno en la vida, es vivir en comunión con Dios y llevar sus enseñanzas a la práctica cotidiana.
  3. ¿De qué depende la felicidad?: Una razón de máxima sabiduría es que la felicidad que todo ser humano busca en este mundo no depende de que tenga muchas riquezas materiales, las cuales no pueden llenar la inmensidad de anhelos y ansiedades que es el corazón del hombre, ni pueden satisfacer las necesidades más apremiantes del espíritu. Ni siquiera la salud y el bienestar físico dependen de la abundancia de riquezas tangibles, puesto que hay muchas personas que disfrutan con manjares sencillos y gozan de buena salud, mientras que muchas otras que rebosan en dinero y comen alimentos exquisitos soportan graves enfermedades o viven miserablemente por amasar una fortuna cada vez más cuantiosa.

El error más grave de tales personas es que no son ricos en las cosas que son de Dios y que agradan a Dios. Muchos que gozan en la abundancia de las cosas de este mundo están definitivamente destituidos de lo que en verdad enriquece a una persona, de lo que la hace rica para Dios y para toda la eternidad.

¡Qué incoherencia tan grande es que seres humanos, dotados de una esencia inmortal y de un espíritu potencialmente capacitado para logros de orden superior celestial, parezcan conformarse con el manjar de los perdidos!