Mensaje 2022-Jun-10

Serie: Hábitos administrativos (VIVIR CON PROPÓSITO)

Somos la luz del mundo

Jesús dijo que estaría con Sus discípulos en persona por poco tiempo y que debían aprovechar su presencia. Cual luz que brilla en sitio oscuro, Él les mostraría por dónde debían andar. Si andaban en su luz, llegarían a ser «hijos de luz», revelando la verdad y señalando a las personas el camino hacia Dios.

Como cristianos, debemos ser, para otros, portadores de la luz de Cristo, permitiendo que su luz brille a través de nosotros. ¿Con cuánta intensidad brilla nuestra luz? ¿Pueden otros ver a Cristo en nuestras acciones? En el proceso de compartir con otros la luz de Cristo y ayudarles a crecer en comunidad, es importante que:

  1. Asegurémonos de invertir nuestro tiempo en cosas de significado eterno. Las únicas dos cosas eternas son la Biblia y las personas. Entreguemos nuestra vida para promover la lectura de la Biblia e invertir en las personas. No juguemos a los dados con la vida que Dios nos ha concedido. Nuestra responsabilidad es ayudar a otros a que conozcan los propósitos que también tiene Dios para ellos.
  2. Vivamos para dejar un legado. Dejemos algo que haga la diferencia cuando ya nos hayamos ido. Lo que hacemos mientras vivimos puede continuar luego de que nos hayamos marchado a la eternidad. Entreguémonos a este propósito que nos permitirá trascender e impactar a la gente por muchos años.
  3. Vayamos a la Luz que alumbra para siempre. Jesús nos llama a que aprovechemos el tiempo y la luz que nos acompaña siempre, de tal manera que las tinieblas no tengan efecto sobre nosotros. Quien camina en la luz (dejando que Jesús determine su vida) descubrirá que Jesús permanece siendo la Luz que ilumina su vida y con ello puede motivar a otros y propender por una comunión adecuada con sus hermanos en Cristo.

Quien quiere andar en la luz debe creer en la Luz, creer en Jesús. Creer significa dejarse llenar, determinar y llevar por Jesús. Quien cree ya no necesita tener miedo de la oscuridad; se convierte en hijo de la luz; quien es hijo de la luz deja que Jesús gobierne por completo su vida. Por lo tanto, debemos mostrar a otros que ya somos hijos de luz y con ello crecer en la común koinonía cristiana.

Sólo Jesús, la Luz del mundo, puede liberar al hombre de la oscuridad, de la influencia del maligno, y con ello influenciar a otros a que reciban el mismo regalo para que crezca la Iglesia del Señor.