Mensaje 2021-Jul-21

Garantía de Su presencia

Al creer y al aceptar a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, Dios nos da garantía de Su Presencia. El apóstol Pablo enseña la doctrina de la Trinidad destacando que Dios confirma a los creyentes, los unge en Cristo, y los sella con el Espíritu. Este sello se refiere a la práctica antigua de poner un pedazo de cera sobre un documento para colocar la impronta de un sello que indicaba autoridad o propiedad, autenticidad y protección. Esto es lo que confirma el Espíritu Santo mediante el sello espiritual que pone en los creyentes.

Cuando se habla del Espíritu Santo como la garantía que Dios nos ha dado, quiere decir que la clase de vida que vivimos con la ayuda del Espíritu Santo es el adelanto o el anticipo de los privilegios que tendremos en el Cielo, y el aval de que algún día recibiremos la totalidad de esa vida. Con este fuero como hijos de Dios viene la responsabilidad de identificarnos como sus fieles representantes.

  1. Son dos dones que Dios nos da cuando llegamos a ser cristianos:
  • Un sello de propiedad para mostrar quién es nuestro maestro, y
  • El Espíritu Santo como garantía de que le pertenecemos y recibiremos todos sus beneficios.
  1. El Espíritu de Dios aparta a los creyentes y los capacita con poder de lo Alto para el servicio de proclamación del evangelio y el desarrollo del ministerio. Asimismo, garantiza que la salvación es nuestra ahora y que recibiremos mucho más cuando Cristo regrese.
  2. El mismo Dios que nos ha cumplido exteriormente con Su revelación en Cristo, nos ha confirmado interiormente mediante la iluminación de los ojos de nuestro corazón, al ungirnos y sellarnos con Su Espíritu y al darnos las arras (juramento o pago inicial) de algo todavía más maravilloso que está por venir.

La autenticidad de la vida espiritual de Pablo y la de todo creyente genuino es verificada por estas cuatro (4) obras divinas: nos confirma, nos unge, nos ha sellado y nos ha dado las arras del Espíritu. Por ello, somos legítimos hijos de Dios que procuramos obedecerle y seguirle en todo, mostrando a otros esta maravillosa condición.

¡El Espíritu Santo es la presencia vívida de Dios en nosotros como hijos de Él, creyentes en Cristo, el único y verdadero Señor y Salvador!