Mensaje 2021-Jul-20

El plan de Dios

La expresión «Dios el Padre nos bendice con toda bendición espiritual en los lugares celestiales» nos enseña que en Cristo disfrutamos todos los privilegios de conocer a Dios: salvación, adopción, perdón, visión, dones del Espíritu, autoridad para hacer la voluntad de Dios, y esperanza de eternidad con Cristo. La bendición espiritual en los lugares celestiales, nos indica que es eterna, no temporal. Ahora podemos experimentar estas bendiciones, debido a que tenemos una relación íntima con el Señor.

En estos versículos, el apóstol Pablo eleva un himno de alabanza y de acción de gracias a Dios por sus deseos de amor y por las bendiciones que nos ha otorgado en Cristo. Comienza con una bendición al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo porque nos bendijo (y sigue bendiciendo) con toda bendición espiritual, es decir, con toda clase de bendiciones espirituales que se relacionan con la vida eterna, entre las cuales se incluyen las bendiciones materiales en la medida en que facilitan el progreso espiritual del creyente.

  1. La expresión «en Cristo» es de rico y abundante contenido: engloba el instrumento por el cual Dios nos bendice y el medio vital en el cual se cumple la bendición divina; nuestra vida espiritual tiene su fuente en el que está sentado a la diestra del Padre, y donde tenemos ya nuestra posición garantizada. Éste fue el propósito de Dios para con nosotros antes de la fundación del mundo, lo cual equivale a un designio eterno. Desde la eterna elección hasta la final glorificación, todo lo que la divina benignidad ha decidido con respecto a la salvación se realiza en Cristo.
  2. Hemos sido escogidos en Cristo, para enfatizar que la salvación depende por completo de Dios. Somos salvos por la gracia de Dios que se nos da gratuitamente, no porque lo merezcamos. Para nuestra salvación, no influimos en la decisión de Dios, sino que Él lo hizo autónomamente de acuerdo con su plan. El misterio de la salvación se originó en la mente eterna de Dios mucho antes de que existiéramos, y gracias a Él somos santos e inocentes ante sus ojos, aunque no entendamos como nos pudo aceptar. Lo cierto es que Dios nos escogió, y cuando nos presentamos a Él por medio de Jesucristo, nos mira como si nunca hubiéramos pecado. Solo nos queda agradecerle por su maravilloso amor.

El objetivo de esta elección divina, cuando dice «para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él» indica el aspecto positivo de una vida dedicada al Señor, lo cual se expresa también en el adjetivo sin mancha. Dios nos escogió para que fuéramos santos e irreprensibles, diferentes de las demás personas, así como Dios es supremamente santo porque es supremamente diferente de todas las criaturas. La «separación» indicada en el término «santo» no es un fin en sí misma, sino el principio de nuestro estar en Cristo, apartados para Dios y santificados por el Espíritu Santo, es decir, somos salvos para ser santos de modo positivo y práctico, innegable en la conducta cristiana.

¡Seamos verdaderos hijos de Dios, y parezcamos que lo somos!