Mensaje 2021-Jul-17

Por el camino de Dios

Esta exhortación del Señor aparece varias veces en la Biblia en diversas épocas y en distintas vivencias del pueblo escogido. Antes fue la nación de Israel, hoy es la iglesia de Jesucristo. Conociendo Dios que ninguna nación en la tierra era lo suficientemente buena para merecer ser llamada Su pueblo, Su «especial tesoro», eligió a Abraham y su familia para que todas las naciones de la tierra fueran benditas a través de sus descendientes; mediante la nación de Israel, nacería el Mesías, el escogido de Dios. Él separó una nación y la colocó en un riguroso programa de entrenamiento, para que algún día pudiera ser el canal de sus bendiciones al mundo entero, para representar sus caminos, enseñar su Palabra y ser la presencia salvadora en el mundo.

En aquellos tiempos, Dios le prometió a los israelitas que si le obedecían estarían exentos de enfermedades; muchas de las leyes morales que les dio, los protegería de toda contaminación y padecimiento. Todas las normas y ordenanzas de Dios para nosotros están diseñadas para mantenernos lejos del peligro. Si queremos que Dios nos cuide, debemos someternos a sus instrucciones para vivir.

  1. El Señor utiliza su poder para lograr sus propósitos a través de Su El pueblo de Israel tenía que aprender que confiar en Dios significaba volver a alinear radicalmente sus propósitos y deseos a los de Él. Hoy debemos desarrollar una lealtad de corazón y de hechos para amar a Dios por encima de cualquier otra cosa.
  2. Con el advenimiento de Jesucristo, Dios extendió una vez más su plan a todos los creyentes. Somos «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios», llamados para que anunciemos las buenas nuevas de Aquel que nos ha rescatado de las tinieblas a la luz. La muerte y la resurrección de Cristo, nos ha permitido acercarnos a Dios con libertad y seguridad.

Dios siempre estuvo invitando a Su pueblo para que escuchara Su voz y fuera obediente a Sus normas e instrucciones. Hoy lo sigue haciendo y nos exhorta a que obedezcamos Su Palabra y nos conduzcamos de acuerdo con sus preceptos. Si así lo hacemos, Él nos considera Sus hijos y se complace con ser nuestro Dios.