Mensaje 2021-Sep-6

Maravillosas son Tus obras

Existe una sólida evidencia científica de que las diferencias entre hombres y mujeres son más profundas que la anatomía básica. El Dr. Gregg Johnson, profesor de Biología en la Universidad de Bethel, escribió que los varones, entre otras cosas, suelen ser más dominantes, más encauzados a las metas y a las reglas, y tienen cuerpos y sistemas nerviosos que se desarrollan durante largos periodos de trabajo físico.

En cambio, las mujeres manifiestan comportamientos más cuidadosos, están más en contacto con la dinámica social, y tienen cuerpos que favorecen el almacenamiento de grasa, lo que ayuda en el embarazo.

Lo anterior es consistente con Génesis 1:27; Dios nos ha hecho varones y mujeres. Así que, en palabras categóricas, si nacimos hombres, no hay manera de cambiar lo que fue decidido por Dios en el momento de la concepción humana; lo mismo aplica para las mujeres:

  1. El Salmo 139:13 explica que nuestro desarrollo biológico está marcado por la mano de Dios, y debemos comprender nuestro rol bíblico como hombre o mujer, en lugar de tratar de transformarnos en lo opuesto a lo que Dios quiso.

El Dios de todo conocimiento y constante presencia tiene el cuidado y la preocupación de personalmente formar al niño en el vientre de su madre, diseñando los más mínimos detalles, escogiendo, por supuesto, su sexo y todo lo que alrededor de él caracteriza al nuevo ser.

  1. El contexto del Salmo 139:14 es la increíble naturaleza de nuestros cuerpos físicos. El cuerpo humano es el organismo más complejo y único en el universo, y esa complejidad y singularidad muestra la genialidad de la mente de su Creador. Cada componente del cuerpo, hasta la célula más microscópica, revela que está diseñado maravillosamente.

Si somos maravillosamente formados desde antes de que nazcamos, ¿Qué habríamos de decir acerca de las obras del Señor con nosotros después de que abandonamos su taller secreto, y Él dirige nuestro camino a través del peregrinaje de nuestras vidas?” (Charles Spurgeon).

Desde el momento en que somos concebidos en el vientre, cada detalle permanece durante toda la vida, y nada de lo que pueda pensar o idear el mundo, puede cambiar los designios de Dios. Nunca nos apartamos de la presencia de Dios. Desde la concepción hasta la muerte, Él nos ha conocido y nos conocerá.

Las distinciones entre los roles masculinos y femeninos son ordenadas por Dios como parte del orden creado y deben resonar en cada corazón humano.