Mensaje 2020-Oct-5

La verdadera bienaventuranza

Esta afirmación de Jesús es la respuesta a la exaltación que una mujer le hizo a María por ser la madre de una persona con tanta sabiduría como Jesús.

Jesús deja en claro que la relación de María con Él como su madre física no le confirió mayor honor que la bienaventuranza común a todos los que oyen y obedecen la Palabra de Dios. La verdadera bienaventuranza de la madre de Jesús la recibió cuando creyó en los planes de Dios y se entregó a Él en perfecta obediencia (Lucas 1:38, 45).

  1. Jesús se dirigía a gente que en la época apreciaba enormemente las relaciones familiares; su linaje ratificaba que eran parte del pueblo escogido de Dios. El prestigio de un hombre procedía de su ascendencia y el de una mujer de los hijos que procreaba. Sin embargo, en este contexto la respuesta que Jesús le da a la mujer significa que la obediencia a Dios es más importante que su abolengo; la actitud constante de acatamiento es más significativa en los hijos de Dios, que la categoría o la posición que tengan dentro de la sociedad o en la iglesia.
  2. Esta afirmación de Jesús tenía por objeto, por una parte, poner a prueba la fe de la mujer, ya que ella colocaba mucho énfasis en los aspectos corporales de Cristo; y, por otra parte, motivarla a ser tan bienaventurada, si oía y obedecía, como María, la Palabra de Dios. La bienaventuranza de María no fue por ser ella la madre de Jesús, sino su fe, su humildad, su obediencia y su meditación en los planes de Dios.

Mientras los escribas y los fariseos despreciaban y condenaban los sermones de nuestro Señor Jesús, esta buena mujer los admiraba, al igual que la sabiduría y el poder con que hablaba. No obstante, lo importante no solo es oír y admirar las Palabras de Jesús, sino obedecer y llevar por obra sus enseñanzas.

Aunque es un gran privilegio oír la palabra de Dios, sólo son enaltecidos de verdad los bendecidos del Señor, que la oyen, la mantienen en su memoria y la obedecen como su inspiración y su norma de conducta.