Mensaje 2019-Oct-5

Muchas son las aflicciones de los verdaderos seguidores de Cristo, pero pueden regocijarse en el amor de Dios. Nuestros corazones honran al Señor y se complacen en Él cuando acudimos a Su Palabra y entendemos su mensaje de condescendencia y gracia. La gloria y la dicha de los creyentes serán perfectas, inmutables y eternas, cuando seamos liberados de las penas terrenales y llevados a la bendición celestial.

Dios está siempre en medio de nosotros, porque:

  • Él, que es poderoso, nos salvará: la salvación de Dios es una liberación pasada, presente y futuro; un gran todo en su propósito eterno, pues necesitamos una salvación diaria del pecado y de la insensatez, de la duda y del temor, de la apatía espiritual y de la ignorancia.
  • Él se gozará en nosotros con alegría: aquellos que están siendo plenamente salvos a diario traen alegría al corazón del Señor. Si nuestra vida es un sacrificio de gozo al Señor, podemos tener la certidumbre de que Él «se gozará en nosotros».
  • Él descansará en Su amor: Dios puede hallar reposo en la grandeza de Su amor por nosotros; aquel amor que nunca falla y que es más fuerte que la muerte. Él quiere reposar y reposa en aquel amor que dio a Su Hijo Unigénito por todos nosotros.

En correspondencia con Su presencia en nosotros, ¿qué deberíamos hacer?:

  • Alabar Su santo Nombre: porque Él ha hecho grandes cosas por nosotros; porque nos ha liberado en el pasado, nos libera en el presente y también nos liberará en el futuro (2 Corintios 1:10).
  • No temer: no hay lugar para el temor ni para la incertidumbre en la estrategia de la Gracia Divina, pues Él dijo: «De ningún modo te desampararé, n te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: el Señor es mi ayudador, no temeré» (Hebreos 13:5-6).
  • Ser diligentes en el servicio: busquemos servir a nuestro Maestro como si Él estuviera a nuestro lado mirándonos, esperando recibir lo prometido.

Visualizando las bendiciones de la mano de Dios como ya realizadas, la Biblia nos exhorta a regocijarnos. Pecamos cuando vamos en pos de la felicidad, separándonos de nuestra relación con Dios, el único que nos puede hacer en verdad felices. Él nos señala que la «gran alegría» surge cuando permitimos que Dios esté con nosotros. Esto lo logramos al seguirlo y al obedecer su Palabra con fidelidad. Luego Dios se regocija con un canto de felicidad por nosotros.

¡Si quieres ser feliz, acércate a la fuente de felicidad al obedecer a Dios!