Mensaje 2020-Oct-4

Justicia separada de las obras

En la Biblia se narran las circunstancias que vivieron muchos de los personajes que marcaron la historia del pueblo de Israel, como el rey David que cometió pecados terribles: adulterio, homicidio, mentiras, y aun así experimentó el gozo del perdón.

Aquí el apóstol Pablo, con base en el Salmo 32:1-2, dice que David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras. Debemos tener en cuenta que David vivió bajo la ley, pero nunca podía haber sido salvo bajo la ley. Por consiguiente David describió la bendición de que Dios reconociera la justicia sin obras, porque él no tenía buenas obras. Por lo tanto, la justicia tenía que estar completamente separada de las obras. Tenía que venir bajo un principio enteramente diferente.

El gozo y el perdón lo podemos nosotros también experimentar cuando:

  • Dejamos de negar nuestra culpabilidad y reconocemos que hemos pecado,
  • Reconocemos nuestra culpa ante Dios y pedimos su perdón, y
  • Desechamos la culpa y creemos que Dios nos ha perdonado.

Hecho esto en oración delante del Señor, que dio Su vida en la cruz para que la paga por el pecado fuera efectiva y el perdón estuviera disponible para toda persona, recibimos el gozo y el perdón que anhelamos. El resultado es que la persona que es perdonada, es la única que es bendecida por Dios.

Es importante recordar que Jesús quiere y está dispuesto a perdonar todos los pecados. Si consideramos el alto precio que Jesucristo pagó en la cruz, es arrogante suponer que algún pecado nuestro sea demasiado grande para que Él lo perdone. Aunque nuestra fe sea frágil, nuestra conciencia sea sensible y los recuerdos nos inquieten, la Palabra de Dios radicalmente expresa que pecado confesado es pecado perdonado (1 Juan 1:9).

¡La bendición no es una cuestión de logros por parte de una persona, sino que es el resultado de que ella sea perdonada por Dios!