Mensaje 2020-Oct-15

Resurrección en el día postrero

Jesús ratificó que todos los hombres, salvos y no salvos por igual, serán resucitados de manera literal y física en el día postrero. No obstante, solo los hijos de Dios, salvos por gracia, experimentarán también una resurrección espiritual por haber “nacido de nuevo”, al igual que una resurrección física para vida eterna.

Estos versículos también ratifican la deidad de Jesucristo, puesto que tiene poder para resucitar, y Dios Padre le ha concedido la preeminencia como juez sobre toda la humanidad.

Los no salvos o incrédulos, quienes se han rebelado contra Cristo, serán levantados de entre los muertos para escuchar el veredicto de Dios en su contra y para recibir la condenación y la sentencia de una eternidad separados de Él (esto se conoce como la segunda muerte, de acuerdo con Apocalipsis 20:6, 20:14 y 21:8). Hay algunos que anhelan vivir bien sobre la tierra, olvidándose de Dios y esperan luego alcanzar con la muerte el descanso final. Las palabras de Jesús no dan lugar a que se entienda la muerte como el fin de todo; sino que confirman que hay un juicio que los incrédulos deberán enfrentar.

Es claro aquí que Jesús no enseña la justificación por obras, sino que quienes “hicieron el bien” creyeron en el Hijo y recibieron una nueva naturaleza que a su vez produce buenas obras; mientras que “continuar en la maldad” es rechazar al Hijo y no aceptar la oferta de salvación de Dios, lo cual se constituye en el resultado de las malas obras de los no salvos. En esencia, las obras no son más que evidencias de la naturaleza de una persona, bien que ésta sea salva o no salva, pero las obras humanas nunca determinan la salvación personal.

Aceptemos nosotros Su plan de redención, para que nuestra fe y esperanza estén en Dios y tengamos la seguridad de no entrar jamás en condenación. Que su voz llegue a los corazones de los que están muertos en pecado, para que puedan hacer las obras de arrepentimiento, y se preparen para el día final de juicio.