Mensaje 2020-Oct-14

Sabiduría que viene de lo Alto

Se evidencia la verdadera sabiduría de una persona cuando actúa en concordancia con lo que sostiene y afirma con sus palabras. Aquí el pragmático apóstol sigue el siguiente razonamiento: «¿Hay alguien entre ustedes que quiera ser un verdadero sabio y un auténtico maestro? Pues que viva una vida tan llena de gracia que demuestre a todos que su buena conducta es la que gobierna su vida y es el poder controlador de su corazón».

La palabra “sabio” era muy común en el idioma griego para referirse a cualquier experto en la filosofía y el conocimiento contemplativo, pero los hebreos le añadieron un significado mucho más rico que incluía la aplicación habilidosa del conocimiento a los asuntos de la vida práctica. El término “entendido” alude a un especialista o profesional que podía aplicar con habilidad su experiencia y pericia a situaciones prácticas. En consecuencia, lo que el apóstol Santiago pregunta aquí es quién tiene habilidad verdadera en el arte de vivir la vida.

¿Hemos conocido a alguien que afirma que es sabio pero que actúa con necedad? La verdadera sabiduría puede medirse por la profundidad del carácter de una persona. Así como se puede identificar un árbol por el tipo de fruto que produce, también se puede evaluar la sabiduría de una persona por la forma en que actúa. La necedad conduce al desorden, pero la sabiduría conduce a la paz y a la bondad.

En este contexto, si se permite que la envidia amargue el corazón, y se hagan las cosas por rivalidad, entonces no habrá razón para enorgullecerse y se estará faltando a la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de Dios, sino que es sabiduría de este mundo, de la mente humana; y donde hay envidias y rivalidades, hay también desorden y toda clase de maldad.

En cambio, la sabiduría que viene de lo Alto es ante todo pura, pero también pacífica, indulgente, conciliadora, compasiva, fecunda, imparcial y sincera. Resumiendo: los artífices de la paz, con sabiduría, siembran en paz, para obtener el fruto de una vida recta. Las conversaciones agradables, así como las palabras prudentes y amorosas, son semillas de paz. Dios ama a los pacificadores (Mateo 5:9)