Mensaje 2021-Oct-1

Serie: Adicción a redes sociales (nomofobia)

¿Qué dice la Biblia de la adicción?

El diccionario define la adicción como rendir la voluntad a algo, de manera obsesiva. La palabra adicción tiene dos significados básicos:

  1. Es la condición de ser fisiológica o psicológicamente dependiente de una sustancia que crea hábito;
  2. Es el estado de estar ocupado con o participar en algo habitual o compulsivamente. Esto nos habla de una obsesión no natural con otra cosa que no sea Dios: deportes, trabajo, compras, adquisición de cosas materiales, incluso con la familia o los niños. Por lo tanto, una adicción a cualquier otra cosa que no sea Dios, es espiritualmente una conducta equivocada. Dios debería ser nuestra única búsqueda habitual.

El gran peligro en la adicción es el hecho de rendirse, de entregarse a otro poder permitiendo que la voluntad se torne pasiva. Muchas personas adictas niegan que hayan entregado su voluntad e insisten en repetir: “Puedo abandonar esto en cualquier momento”.

Lamentablemente las adicciones y las costumbres destructivas son cada vez más comunes en la actualidad, pues vivimos en una sociedad adictiva. El consumo de cigarrillos, el abuso de alcohol o drogas, adicción a los tranquilizantes, a la televisión, a la pornografía o a las redes sociales es preocupante.

  1. Todas las adicciones tienen una raíz espiritual. Por naturaleza el ser humano es rebelde y egoísta, y busca constantemente reconocimiento y satisfacción. La adicción es un reflejo directo de la atadura interna al pecado de rebelión. La sanidad completa solo se logra cuando se haya eliminado esta atadura.
  2. Las adicciones no solo tienen causas espirituales, sino también consecuencias espirituales. Las adicciones pueden ser destructivas espiritualmente, consumen energías y llevan a la auto destrucción; crean una barrera en la relación con Dios, impiden la obediencia a Su Palabra y prolongan el pecado.
  3. La falta de dominio propio nos debilita, y es cuando sentimos la necesidad de buscar la ayuda de Dios.

Es inevitable pedirle al Espíritu Santo que revele la raíz que causa la adicción, para buscar la sanidad y la liberación: “Manténganse, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud” (Gálatas 5:1 RVC)