Mensaje 2020-Nov-8

La disciplina del Señor

En medio de las tribulaciones, debemos proceder rectamente, porque a través de ellas, es probable que el Señor necesita enseñar algo, anhela que aprendamos algo o quiere lograr algún objetivo sublime. No debemos menospreciar la reprensión del Señor, es decir, tomar a la ligera las aflicciones como si nada tuviese que ver con nosotros, sino que, viendo en ellas un noble propósito de Dios, hemos de sacar de ellas el beneficio que el Señor intenta.

No se nos pide que seamos inconmovibles, rudos como rocas, a fin de que las dificultades nos hagan menos daño; tampoco hemos de sentir repugnancia de ellas, porque la adversidad es disciplina del Señor, que conoce de qué estamos hechos (Sal. 103:14) y hasta dónde podemos resistir (1 Corintios 10:13). En este sentido, la Biblia nos está hablando de una corrección paternal para nuestro bien, no de una justicia vengativa:

  1. Para muchas personas, la expresión “Corrección de Dios” tiene una connotación de censura, sin embargo, el Señor es un Dios de amor, que no nos reprime porque disfrute hacernos sufrir, sino porque está muy interesado en nuestra madurez; sabe que para lograr ser moralmente fuertes y honestos, debemos aprender la diferencia entre el bien y el mal.
  2. Por cuanto hasta los más sabios entre los hijos de Dios están sujetos a pecar, hay necesidad de la disciplina protectora de Dios para aumentar la sabiduría y la bendición. El pueblo cristiano no debería presentar resistencia a esta corrección.
  3. A veces es difícil saber cuándo Dios nos ha estado disciplinando, hasta que más adelante volvemos a mirar la circunstancia pasada. Por supuesto, no todas las situaciones adversas provienen de Dios directamente; pero si nos rebelamos en contra de Dios y nos negamos a arrepentirnos cuando Él identifica algún pecado en nuestra vida, es posible que Dios use la desobediencia, las crisis y las lamentables experiencias para llevarnos de nuevo a Él.

En otras ocasiones, sin embargo, los tiempos difíciles surgen cuando no hay algún pecado evidente en nuestra vida; entonces nuestra respuesta debe ser paciencia, integridad y confianza de que Dios nos mostrará qué hacer.

Cuando Dios nos corrige, tomémoslo como una prueba de Su amor y pidámosle que nos muestre lo que está tratando de enseñarnos.