Mensaje 2020-Nov-7

Dios es fuego consumidor

Moisés subraya la grandeza, la gloria y la bondad de Dios. Si hubiéramos comprendido qué Dios es Éste con quién tenemos que ver, ciertamente tomaríamos conciencia de nuestro deber para con Él y no nos atreveríamos a pecar contra Él. ¿Abandonaríamos a un Dios misericordioso que nunca nos abandonará, si le somos fieles? ¿Adónde podemos ir? Que los lazos del amor nos sostengan en nuestro caminar y en nuestra vida predominen por las misericordias de Dios, para aferrarnos a Él.

En el monte Sinaí, Dios hizo un pacto con la humanidad, a través de Sus mandamientos:

  1. En el primero de ellos nos ordena no hacer ninguna imagen, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra, no inclinarnos ante ellas, ni honrarlas. Dios no debe ser confundido con ninguna parte de su propia creación, ni con cosa alguna diseñada o creada por el hombre.
  2. Dios también es fuego consumidor, porque es moralmente perfecto, condena el pecado y no puede aceptar a los que lo practican. Un ejemplo bíblico de esto es que el pecado de Moisés le imposibilitó entrar en la tierra prometida y no hubo ofrenda o sacrificio alguno que evitara ese dictamen. El pecado nos impide entrar en la presencia de Dios, pero Jesucristo, con Su obra en la cruz nos liberó para siempre del juicio de Dios. Creer y aceptar a Cristo nos garantiza evitar la ira de Dios, nos permite experimentar el nuevo nacimiento e iniciar una verdadera relación personal con Él.
  3. Asimismo, el celo de Dios es pertinente y bueno; así como es bueno y correcto que un hombre exija que su mujer lo trate a él, y sólo a él, como esposo. Dios está defendiendo Su Palabra y Su alto honor, y es celoso por proteger lo que le pertenece; no permitirá que otro tenga la honra que solo Él debe recibir. Él nos hace una exigencia fuerte: solo al Señor, y a nadie más en todo el universo, debemos tratarlo como Dios.

No olvidemos que la bendición solo llega a nuestra vida, si Dios está en primer lugar; nuestro deber es aprender que solo debemos “temer y reverenciar a Dios” (Hebreos 12:28-29).