Mensaje 2019-Nov-28

Tenemos aquí una visión que despeja toda soledad y todo temor. Podemos pensar en cualquier cosa que pueda producir este mundo o cualquier otro mundo diferente: ninguna de ellas conseguirá separar al cristiano del amor de Dios que se encuentra en Jesucristo. En Él se hace realidad la seguridad que anuncia proféticamente el salmo 27: “El Señor es mi luz y mi salvación. ¿De quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida. ¿De quién he de atemorizarme?”.

No hay lugar donde vayamos que no esté el amor de Dios. Nunca estaremos separados de Su amor.

  • Nada, ninguna circunstancia, ninguna situación, puede separarnos, porque el amor de Dios está en todas partes: “Ni la altura, ni la profundidad, ni nada en toda la creación podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 8:39 NVI).
  • Si queremos pensar en un antídoto para la soledad, podemos estar seguros que nunca estaremos separados del amor de Dios.
  • El hecho es que tendremos tribulaciones, preocupaciones o dificultades, pero si somos seguidores de Jesús, nunca estaremos solos porque nos podemos sintonizar con el amor de Dios. No se está hablando de religión. Se está hablando de una relación con Jesucristo. Su amor dura para siempre, y Su amor está en todas partes.

Así podremos comprender, todos los que formamos la iglesia de Dios, el amor de Cristo en toda su plenitud. Es imprescindible que conozcamos ese amor, que es más grande de lo que podemos entender o de lo que podamos imaginar, para que recibamos todo lo que Dios tiene para darnos.

Extiende tu mano y da de tu amor al que está solo;
extiende tu mano y da de lo tuyo al que no tiene;
extiende tu mano y dale luz al que está en tinieblas;
extiende tu mano y deja… que la sonrisa de Dios dé por medio de ti.

¡El amor de Dios es inconmensurable!