Mensaje 2020-Nov-2

SOLA GRACIA (Sola gratia)

La salvación es un don de Dios. Por tanto, es algo que el pecador recibe de forma inmerecida basada en los méritos de Cristo alcanzados durante su vida, muerte y resurrección.

La salvación es por la gracia de Dios. Esto en contraposición a las doctrinas que enseñan que la salvación puede ser merecida por obras o cualidades humanas. El evangelio es comúnmente llamado «el evangelio de la gracia», porque sin la gracia el evangelio deja de ser buenas noticias. La Biblia enseña que el hombre, puesto que está muerto espiritualmente, no puede reconciliarse con Dios; por lo tanto, Dios nos salva solamente por su gracia soberana, sin cooperación humana.

Cristo es el único que puede justificarnos. Las obras, incluidos los ritos eclesiales y cualquier otro tipo de esfuerzo humano, no son la causa de la salvación del hombre. Cristo murió por nosotros y a través de él, por medio de la fe, somos salvos, para que nadie crea que fue salvo por su propio mérito, ni para que se glorifique de sus propias obras. Por lo tanto, la salvación es obra de la sola gracia de Dios:

Como declara la Confesión Bautista de 1689, “Cristo, por su obediencia y muerte, saldó totalmente la deuda de todos aquellos que son justificados; y por el sacrificio de sí mismo en la sangre de su cruz, sufriendo en el lugar de ellos el castigo que merecían, hizo una satisfacción adecuada, real y completa a la justicia de Dios en favor de ellos; sin embargo, por cuanto Cristo fue dado por el Padre para ellos, y su obediencia y satisfacción fueron aceptadas en lugar de las de ellos, y ambas gratuitamente y no por nada en ellos, su justificación es solamente de pura gracia, a fin de que tanto la precisa justicia como la rica gracia de Dios fueran glorificadas en la justificación de los pecadores”.

Como dice la Escritura, “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,..” (Efesios 1:3-8)

En Cristo tenemos todos los beneficios de conocer a Dios y si vivimos en una constante relación íntima con Cristo, podemos disfrutar ahora de estas bendiciones. La salvación es una de estas bendiciones; depende por completo de Dios, pues no somos salvos porque lo merezcamos, sino por la gracia de Dios que se nos da gratuitamente, de acuerdo con Su plan, que se originó en la mente eterna de Dios mucho antes de que existiéramos.

La gracia es el favor voluntario y amoroso que da Dios a quienes salva. Este favor es inmerecido y bajo ninguna decisión humana se puede obtener, pues viene solo por la misericordia y el amor de Dios. Sin la gracia de Dios, nadie puede salvarse. Para recibir entonces la salvación, debemos reconocer que no podemos ganarla por nuestro propio esfuerzo, sino que solo Dios puede hacerlo y que solo hay un camino, la fe en la obra de Cristo en la cruz.