Mensaje 2019-Nov-19

Considerando que Dios, quien es inmutable, no está sujeto a los cambios emocionales (Números 23:19), Cristo, quien fue completamente humano con todas las características de la humanidad, derramó en algunas ocasiones lágrimas por la condición de los pecadores (Lucas 19:41), por las necesidades espirituales de las personas, que eran más urgentes que las necesidades de sanidad física. Jesús vino a ser el Pastor, el único que podía mostrar a la gente cómo evitar los errores de la vida. Su misión en esta tierra estuvo motivada por la piedad y la compasión:

  • Viendo las multitudes. Él ve lo que debe ver. La compasión de Jesús lo mueve a tomar la iniciativa. Quienes somos, determina cómo vemos y cómo actuamos frente a los demás. Decidimos que hacer frente al otro; responder desde el corazón un acto de misericordia.
  • Tuvo compasión de ellas. La gente contaba con líderes religiosos en las Sinagogas y en el templo, pero muchos de ellos no se preocupaban realmente por el pueblo. Las palabras de Jesús tienen una preocupación verdadera por la gente y no porque podía sacar provecho de ellos. La compasión lleva a estar atento de las necesidades de otros; la compasión es activa.
  • La compasión lleva a actuar en favor de los demás: Jesús nunca pensó: “si me necesita vendrá…”. Él fue a las aldeas, Sinagogas, a las casas, al templo… La sensibilidad por el necesitado hace que dejemos la comodidad, salir a ayudar a quien va al precipicio sin el Salvador en su corazón.

La necesidad más grande de las personas es no tener a Jesús en su corazón. Un saludo, un ¿cómo estás? ¿Te puedo servir?, pueden hacer la diferencia y facilitar la mejor decisión que un ser humano puede tomar.