Mensaje 2021-Nov-18

Serie: Atención a la tercera edad

Cuidado de nuestros padres

Tercera edad es un término antroposocial que hace referencia a las últimas décadas de la vida, en la que una persona se aproxima a la edad máxima que el ser humano puede vivir. La ONU establece la edad de 60 años para considerar que una persona es adulta mayor, aunque en algunos países desarrollados se considera que empieza a los 65 años. “Tercera edad” hace referencia a las siguientes tres (3) etapas: Senectud (60 a 70 años), Vejez (70 a 90 años) y Ancianidad (más de 90 años).

La Biblia tiene mucho que decir sobre el cuidado de los padres de la tercera edad y otros miembros de la familia que son incapaces de cuidarse a sí mismos. La iglesia cristiana del primer siglo actuó como un centro de atención y de servicio social para otros creyentes. Este ejemplo se debe seguir en la iglesia de hoy.

  1. ¿Qué es honrar a padre y madre?: Honrar a los padres, como lo menciona el apóstol Pablo, significa mostrarles respeto y amor, comprensión y compasión. Algunas sociedades honran a las personas mayores, respetan su sabiduría, reverencian su autoridad y buscan su comodidad y su bienestar. Esta es la conducta que debe caracterizar a los cristianos.
  2. Cuando honramos y cuidamos de nuestros padres y de los adultos mayores, también estamos sirviendo a Dios. La Biblia dice que aquellos que se niegan a cuidar de sus familiares, especialmente los de su propia casa, han negado la fe verdadera y son peores que los que no creen en Dios (1 Timoteo 5:8).
  3. Independientemente de las circunstancias, tenemos obligaciones con nuestros padres. Si requieren asistencia financiera, les deberíamos ayudar. Si están sufriendo alguna dolencia o enfermedad, debemos cuidarlos. Si carecen de un lugar para vivir, debemos ofrecerles uno. Si necesitan cualquier otra ayuda, deberíamos ofrecerles nuestro apoyo. Y si están bajo el cuidado de una institución, tenemos que evaluar las condiciones de vida en ella para asegurar que nuestros padres estén siendo cuidados correcta y amorosamente.

No debemos permitir que las preocupaciones diarias nos distraigan de los asuntos importantes; servimos a Dios a través de la asistencia, el apoyo y la ayuda a los demás y a nuestras propias familias, especialmente a nuestros padres.

Dios demanda el apoyo de los hijos a sus padres cuando éstos se han hecho mayores y necesitan ayuda.