Mensaje 2020-Nov-16

El corazón refleja lo que somos

La Biblia usa el término “corazón” para describir el conjunto de deseos, esperanzas, intereses, ambiciones, sueños y afectos que tenemos. Nuestro corazón representa la fuente de todas nuestras motivaciones —lo que amamos hacer y lo que más nos importa. Aún en nuestra época, todavía usamos esa palabra en el mismo sentido cuando decimos, “Te amo con todo mi corazón”.

La Biblia dice que lo que hay en nuestro corazón, es lo que realmente somos: “Así como el rostro se refleja en el agua, el corazón refleja a la persona tal como es” (Proverbios 27:19 NTV). No somos lo que otros piensan o lo que las circunstancias nos obligan a ser. Nuestro corazón es nuestro verdadero yo. El determina por qué decimos las cosas que decimos, el por qué sentimos de tal forma y por qué actuamos en la forma en la que lo hacemos:

  1. Físicamente, a cada uno de nosotros el corazón le late de manera única. Al igual que cada uno tiene huellas digitales únicas, iris único y voz única, nuestros corazones laten en patrones algo diferentes. Es sorprendente que entre todos los billones de personas que han vivido, nadie tiene un pulso exactamente como el de alguno de nosotros.
  2. De la misma manera, Dios nos ha dado a cada uno un latido emocional único que se acelera cuando pensamos en temas, actividades o circunstancias que nos interesan. Instintivamente nos importan algunas cosas y otras no tanto. Estas son pistas de donde debemos estar sirviendo.

Otra palabra para corazón es pasión. Hay ciertos temas que nos apasionan profundamente y otros que no nos interesan para nada. Hay experiencias que nos encienden y capturan nuestra atención, mientras otras nos apagan o nos aburren. Esas experiencias revelan la naturaleza de nuestro corazón, así que debemos estar atentos a esos estímulos internos que nos dirigen al ministerio que Dios procura que tengamos.

Cuando estábamos creciendo, pudimos haber descubierto que nos manteníamos intensamente interesados en algunos temas que a nadie más a nuestro alrededor le interesaba. ¿De dónde vinieron esos intereses? ¡Vinieron de Dios!

Siempre hay una razón por la que amamos hacer una u otra cosa; lo importante es hacer lo que le agrada a Dios y siempre con la firme intención de honrarlo en todo.