Mensaje 2020-Nov-14

¿A qué vino el Buen Pastor?

Desde el inicio de la humanidad, el maligno ha venido a robar, matar y destruir. Esto se evidencia en acciones tales como las de Caín, Judas y el Anticristo, porque Satanás como príncipe de este mundo, solo quiere la proliferación de la maldad. Pero nuestro Señor Jesucristo, ha venido para que a través de Él podamos tener vida eterna.

Los que vienen a robar, a privar a los hombres de las enseñanzas de Jesús y de Sus pasos, vienen a matar y destruir espiritualmente; en cambio, el buen Pastor viene:

  1. A dar vida a las ovejas. Dice Jesús: «Yo he venido para que tengan vida». Vino a poner vida en el rebaño, que parecía un valle de huesos secos, más bien que personas vivas rodeadas de pastos alimenticios. La palabra vida incluye toda clase de bienes espirituales.
  2. A dar vida abundante. Agrega Jesús: «y para que la tengan en abundancia», en mayor abundancia de lo que podrían pedir o esperar (Efesios 3:20). Lo que Cristo da es siempre algo más y algo mejor, pues es vida y vida eterna.
  3. No solo a dar vida a las ovejas sino a dar la vida por las ovejas. Un pastor de cualidades extraordinarias es el que no sólo cuida y guarda bien sus ovejas, sino que, en defensa de ellas, está dispuesto a dar la vida.

La vida que Él da ahora es abundantemente más rica y plena. Es eterna y, sin embargo, puede comenzar de inmediato, si así cada uno lo decide. La vida en Cristo se disfruta en un plano más elevado debido a su sobreabundante perdón, amor y dirección. Solo tienes que orar y declarar que crees en Cristo y en su obra redentora en la cruz, que aceptas para ti el pago ofrecido por Él allí y que deseas tenerlo como el Señor de tu vida, de aquí en adelante.

Solo Jesucristo es la verdadera fuente de conocimiento de Dios y la única base para obtener seguridad espiritual. Él vino para que tengamos auténtica vida eterna. Ser seguidor de Jesús, saber Quién es y lo que representa, es tener superabundancia de vida.

Cuando intentamos vivir nuestra propia vida, se nos hace aburrida y vacía. Cuando caminamos con Jesús, recibimos una nueva vitalidad, una superabundancia de vida. Es sólo cuando vivimos con Cristo cuando la vida vale la pena y empezamos a vivir de verdad.