Mensaje 2020-Nov-1

LAS CINCO SOLAS DE LA REFORMA PROTESTANTE

Cinco solas es la denominación conjunta para cinco frases en latín que surgieron durante la Reforma Protestante y resumían las creencias teológicas básicas de los reformadores que entraban en contraposición con la doctrina católica.

SOLA ESCRITURA (Sola SCRIPTURA)

La Palabra de Dios es la máxima autoridad en materia de fe y práctica. Por tanto, nada que contradiga la revelación de Dios puede regular la vida del creyente.

Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la rectitud nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.

(2 Pedro 1:3 RVC)

El conocimiento de Dios incrementa en nosotros la gracia y la paz que de Él hemos recibido. El poder divino de nuestro Salvador nos ha otorgado como un don todas las cosas para la vida espiritual y para la piedad cristiana, mediante el conocimiento que de Dios nos ha sido otorgado. El poder para crecer no viene de nuestro interior sino de Dios, a través de todo lo consignado en la Escritura. Ella debe ser nuestro fundamento de suprema autoridad en conocimiento e indicaciones de vida.

La doctrina de que la Biblia es por sí sola la autoridad suprema, fue el “Principio Formal” de la Reforma. En 1521, en el histórico interrogatorio de la Dieta de Worms, Martin Lutero declaró su conciencia cautiva a la Palabra de Dios diciendo: “Al menos que se me convenza mediante testimonios de la Escritura, y claros argumentos de la razón, porque no le creo ni al Papa, ni a los concilios, ya que está demostrado que a menudo han errado y se contradicen entre ellos, estoy vencido por los textos de la Sagrada Escritura que he citado, y mi conciencia está ligada a la Palabra de Dios.”

Del mismo modo, la Confesión Bélgica estableció: “Creemos, que esta Santa Escritura contiene de un modo completo la voluntad de Dios, y que todo lo que el hombre está obligado a creer para ser salvo se enseña suficientemente en ella… Tampoco está permitido igualar los escritos de ningún hombre -a pesar de lo santos que hayan sido- con las Divinas Escrituras, ni la costumbre con la verdad de Dios (pues la verdad está sobre todas las cosas), ni el gran número, antigüedad y sucesión de edades o de personas, ni los concilios, decretos o resoluciones; porque todos los hombres son de suyo mentirosos y más vanos que la misma vanidad. Por tanto, rechazamos de todo corazón todo lo que no concuerda con esta regla infalible… (VII)”.

Como dice la Escritura, “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17 ):

Toda y cada una de las partes de la Escritura es inspirada por Dios, lo que nos da a entender que Dios intervino de forma sobrenatural en el funcionamiento psicológico-espiritual de los sagrados escritores, moviendo sus facultades superiores: mente corazón, memoria y voluntad, de tal forma que ellos pensasen y escribiesen sólo y todo lo que Dios quería que dijesen, haciendo que cada uno, al mismo tiempo, echase mano de la formación e información que ya poseía , con lo que el estilo personal queda respetado. Con base en los principios fundamentales de la hermenéutica, es imprescindible aclarar que de este carácter inspirado, propio de la Sagrada Escritura, participan únicamente los documentos originales en los idiomas hebreo, arameo y griego.

Así entonces, la Biblia es la única y final fuente de autoridad, de la cual se deriva toda doctrina, teología y práctica religiosa aceptable para Dios. Absolutamente inerrante en los documentos originales, infalible, exhalada por Dios, y única fuente de fe y conducta para el verdadero creyente.