Mensaje 2021-Mar-22

La verdadera amistad se cultiva con paciencia

Dos hombres eran vecinos. Uno de ellos había abierto su corazón a Cristo el otro no. El creyente testificaba a menudo; el otro lo ignoraba. Un día el cristiano atendió a un llamado a su puerta. Era su vecino que se encontraba de pie frente a él con una gran sonrisa. Finalmente hice lo que dijiste. Está mañana le abrí mi corazón a Jesús. Los dos se abrazaron y lloraron. Con el pasar de los años se apoyaban el uno al otro y oraban el uno por el otro. Llegaron a ser los mejores amigos y durante 25 años trabajaron juntos en un eficaz ministerio en prisiones.

En el salmo 119 el salmista hace hincapié que es compañero de los que respetan y obedecen al Señor. Cuando tenemos comunión con personas que cumplen estas dos condiciones es muy fácil crecer en comunidad. ¿Cuándo crecemos en comunidad?:

  1. Cuando somos conscientes que no debemos vivir la vida cristiana aisladamente; necesitamos el compañerismo de otros creyentes que aporten en nuestra vida individual y colectiva. Los buenos compañeros traen mucho bien y sabiduría a la vida. Cuando elegimos asociarnos con hombres y mujeres sabios, ganaremos sabiduría. “Él que anda con sabios será sabio, más el compañero de los necios sufrirá daño” (Proverbios 13:20 NBLA).
  2. Cuando respetamos al Señor y muestra de ese respeto es el reconocimiento de Su grandeza, Su majestad, Su gloria, Su santidad. El fundamento de la sabiduría es temer a Dios: honrarlo y respetarlo, vivir maravillados por su poder y obedecer su Palabra. “Respetar al Señor es el principio de la sabiduría” (Proverbios 1: 7a PDT).
  3. Cuando somos obedientes a las instrucciones. Esa es la evidencia externa del temor interno. Dios nos llama a amarle con toda nuestra alma, mente, corazón, y con todas nuestras fuerzas. Una forma de expresar ese amor es meditando o reflexionando sobre nuestra vida espiritual. “No dejaré pasar más tiempo: me he puesto a pensar en mi conducta, y he decidido seguir tu mandamiento” (Salmo 119:59-60 TLA).

David, como salmista, se complace en ser compañero de los que respetan y obedecen los mandamientos de Dios. ¡La comunión es parte esencial de lo que significa ser cristiano!