Mensaje 2020-Jun-29

Meditar y deleitarse en la Palabra

El Salmo 1 es un salmo de instrucción con respecto al bien y al mal, poniendo ante nosotros vida y muerte, bendición y maldición, a fin de que tomemos el camino recto que lleva a la felicidad, y evitemos el que de cierto conduce a la miseria y a la ruina.

Frente al “consejo de los malos”, el hombre justo decide solo escuchar, amar y someterse a “la ley del Señor”; ya no se deleita en las cosas del mundo, sino que como un niño recién nacido, tiene hambre espiritual y anhela “la leche espiritual” que se encuentra en la Palabra de Dios (1 Pedro 2:2-3). Ahí está su auténtico deleite, porque es en ella donde conoce a Dios y así puede llegar a establecer una relación genuina con Él. Los consejos para todo seguidor de Cristo, son:

1. Meditar en la palabra de Dios: es discurrir personalmente acerca de las grandes cosas en ella contenidas, con una íntima dedicación de la mente y concentración en el pensar; meditar significa pasar tiempo leyendo y reflexionando en lo que se ha leído, pensar en cómo cambiar para vivir como a Dios le agrada. Cuando meditamos, consideramos en profundidad el espíritu de la Palabra, la cual entra en lo más profundo de nuestro ser. Es importante subrayar que no se trata de una meditación ocasional, sino que es necesario desarrollar el hábito de meditar constantemente en ella para que cumpla plenamente su propósito.

Conocer y meditar la Palabra de Dios son los primeros pasos para aplicarla a nuestro cotidiano vivir. Debemos referirnos constantemente a la palabra de Dios como regla de nuestras acciones, y fuente de nuestro contentamiento; hemos de tenerla en nuestros pensamientos noche y día.

2. La Palabra de Dios no nos ha sido dada para satisfacer nuestro intelecto, sino para que vivamos de acuerdo con sus instrucciones; por esa razón se hace tan necesaria su adecuada meditación. En este sentido, podríamos decir que la meditación es para el alma lo que la digestión es para el cuerpo; es necesaria a fin de poder hacer nuestra la Palabra y que llegue a ser parte de nuestro ser interior (Jeremías 15:16; Ezequiel 3:3; Apocalipsis 10:9).

Mientras más nos deleitamos en la presencia de Dios, más fructíferos seremos; mientras más permitamos que los que ridiculizan a Dios afecten nuestros pensamientos y actitudes, más nos separaremos de la fuente real de alimento espiritual.

Hoy necesitamos meditar profundamente en la Palabra, porque en ella hay vida, vida eterna, porque en ella hay paz, porque con ella se aumenta la fe, porque en la Palabra se adquiere inteligencia espiritual, porque la Palabra nos hace caminar rectamente en la vida.

¡Un verdadero creyente lee y medita en la Palabra de Dios!