Mensaje 2020-Jun-28

El camino del hombre justo

El primer Salmo es considerado como una introducción a toda la colección de Salmos. Presenta dos temas centrales: el contraste entre el hombre justo y el hombre malo, y la importancia de la Palabra de Dios.

El propósito del salmista es colocarnos frente a los dos caminos que existen, a fin de que tomemos la elección correcta. Evidentemente, cada persona debe optar por uno de ellos y asumir todas las consecuencias de su propia decisión. Al fin y al cabo, sólo hay dos caminos en la vida: o reverenciamos a Dios y le amamos, o por el contrario vivimos de espaldas a Él ignorando Su Palabra.

El salmista comienza este primer salmo resaltando el deleite en la obediencia a Dios y sus preceptos, y no escuchar a los que se burlan o le descalifican. Tener amistad con quienes desacreditan lo que Dios considera importante, es abrirle la puerta al pecado y a la indiferencia hacia los propósitos de Dios; es acercarse a la maldad y alejarse de la voluntad del Creador; es transitar en los caminos de la desobediencia y conformarse con el mundo; es entrar en la ruta de la perdición y de la condenación eternas. Los verdaderos amigos nos deben acercar a Dios.

Se pone de manifiesto que el apartarse del mal es el primer paso por el que comienza la sabiduría; no seguir el consejo de malos, que carecen de temor y que están en abierta rebelión contra Dios, ni atender indicaciones de escarnecedores que desprecian todo lo santo, que se burlan de las cosas de Dios y que toman a broma el pecado, que no se someten a norma alguna y se dejan llevar de todo perverso deseo. El hombre justo se caracteriza por:

  1. No andar en consejos de malos: esto implica elegir bien nuestras amistades. El hombre justo no establece su estilo de vida con base en las recomendaciones o sugerencias de los hombres perversos, sino en los mandamientos del Señor.
  2. No estar en camino de pecadores: el hombre justo no escucha los pensamientos y consejos del pecador, tampoco se encuentra donde éste está.
  3. No sentarse en silla de escarnecedores: el hombre justo no asume la actitud de aquellos que tienen una conciencia endurecida, que se burlan contra todo aquel que no piensa ni vive como ellos, que se ríen de los juicios de Dios (2 Pedro 3:3-4 y Judas 18); una situación cada vez más presente en nuestros días.

El hombre justo evita pasar tiempo con personas perversas, busca enfocarse en los principios de la Palabra, obedece y ama a Dios; para el hombre justo su fidelidad al Señor le impone una separación de aquellos que claramente son enemigos del Dios Altísimo.

El verdadero seguidor de Jesús no acepta el consejo de los malos, no camina con los pecadores, sino que oye siempre la voz del Señor.