Mensaje 2020-Jun-22

La iglesia fuera del templo

Durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío. Los erizos dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos. De esa manera se abrigarían y se protegerían entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, los que justo ofrecían más calor. Por lo tanto, decidieron alejarse unos de otros y empezaron a morir congelados. Así que tuvieron que hacer una elección; o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación con los demás pueden ocasionar, ya que lo más importante es el calor del otro compañero.

La importancia de la reunión en grupos pequeños fuera de los templos durante los días hábiles de la semana trae réditos a todos sus miembros. En las actuales circunstancias, estos grupos se realizan de manera virtual, utilizando los diferentes medios y herramientas que ofrece la tecnología. Cuando pertenecemos a un grupo, somos beneficiados y otros se benefician de nosotros. Con este objetivo se deben realizar las siguientes acciones:

  1. Caminar con otros compañeros en la fe. Esta es una buena oportunidad para poner en práctica la hospitalidad con otros sin quejarnos. Nuestro servicio a los demás es la mejor manera de mostrar nuestra obediencia a Dios. Ahí es cuando nos damos cuenta fácilmente de lo que hay en nuestro corazón. Es el momento en el que dejamos de pensar en nosotros mismos y decidimos pensar en alguien más: “Reciban en su casa a los demás, y hagan que se sientan bienvenidos” (1 Pedro 4:9 TLA).
  2. Trabajar con otros. Recordemos la historia de los erizos, ésta describe de forma detallada la necesidad que tenemos de los demás y la que ellos tienen de nosotros. ¡NO somos perfectos ni autosuficientes gracias a Dios! El único perfecto y todo suficiente es el Señor. Todos tenemos filos y espinas (Eclesiastés 4:9).
  3. Cuidar y ser cuidados. Debemos despojarnos de todo egoísmo, teniendo en cuenta que la individualidad produce rivalidad, y la rivalidad genera división. La individualidad en un trabajo de equipo puede producir estancamiento y retroceso; sin embargo, nos corresponde a todos protegernos y cuidarnos los unos a los otros: “No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás” (Filipenses 2:4 NTV).

¡La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y a admirar sus cualidades!