Mensaje 2021-Jul-18

Resplandecer en el mundo

La Biblia nos exhorta a vivir una vida santa, de tal manera que brillemos como luminares en un mundo que odia la luz, un mundo de tinieblas y perversión. Nuestras vidas deben caracterizarse por la integridad, la perseverancia y la consistencia, de manera que resplandezcamos con la luz que solo puede venir de Jesucristo. Una vida transformada es un testimonio efectivo del poder de la Palabra de Dios.

Como hijos de Dios, nuestra responsabilidad es conducirnos correcta y honestamente, sin murmuraciones y contiendas, de tal forma que no tengamos nada de qué avergonzarnos y seamos irreprensibles en nuestro proceder diario. Los hijos de Dios debemos distinguirnos de los hijos del mundo; mientras más perversos sean los otros, más cuidadosos debemos ser nosotros para mantenernos sin defecto y sin tacha. La convicción y el ejemplo coherente de los creyentes inspirarán a otros, los guiará en su camino a Jesús y les permitirá acentuar su fervor cristiano, así como la luz del faro advierte a los marinos que eviten los escollos y dirige su rumbo al puerto. Tratemos de resplandecer así.

Debemos obedecer todos los preceptos de Dios con la mejor disposición, de tal manera que no se rebele nuestra voluntad contra ellos por medio de quejas y actitudes de descontento, ni la mente por medio de continuos y sutiles argumentos. De esta forma, si nos sometemos humilde y amorosamente a los designios de la providencia divina se habrá conseguido gloria, luz, brillo, en dos dimensiones:

  • Será para la gloria de Dios, pues, al ser irreprensibles y puros, se mostrarán como hijos de Dios, sin mancha, en medio de una generación torcida y perversa.
  • Será también para nuestra gloria, pues resplandeceremos como luminares en el mundo, manteniendo en alto la Palabra de Dios.

Así como Cristo obedeció al Padre al humillarse a sí mismo, así también debemos obedecer los creyentes, al adoptar una actitud humilde los unos ante los otros, promoviendo la salvación, la salud y la restauración en el aquí y ahora, porque Dios está obrando entre nosotros. Él despierta el deseo de hacer lo que a Él le agrada y nos da el poder para hacerlo.