Mensaje 2021-Feb-9

Dios cuida de nosotros

¡Qué tranquila y pacífica sería nuestra vida si tan solo le dejáramos al Dios de la providencia la tarea de proveedor! Con tan solo «un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en una vasija», Elías sobrevivió la hambruna, porque Dios dijo: “No va a faltar harina en la tinaja, ni va a disminuir el aceite de la vasija, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la tierra” (1 Reyes 17:12-14). ¡Él hará lo mismo hoy, y siempre!

No hay mejor manera de apaciguar la tristeza que saber que «el Señor cuida de nosotros». No deshonremos la fe cristiana exhibiendo siempre un ceño fruncido por la ansiedad o la preocupación. Todo lo contrario, depositemos nuestra carga en el Señor, pues Él nos dará descanso. ¿Por qué nos inquietamos con un peso que nuestro Padre ni siquiera siente? Lo que a nosotros nos parece una carga imposible de llevar, a Él no le añade ni lo que pesa una mota de polvo. No hay nada tan placentero como: “Descansar en las manos de Dios, y conocer solo Su voluntad” (William S. Plumer, 1802-1880).

  1. Seamos pacientes. Nuestro soberano Dios no nos ha dejado ni nos ha olvidado. Aquel que alimenta los gorriones también nos proveerá todo lo necesario. Confiemos en el Aquel que todo lo puede. Usemos las armas de la fe contra las dificultades y los problemas y al final veremos los resultados a nuestro favor.
  2. Hay Uno que nos cuida. Sus ojos están fijos en nosotros, Su corazón se conduele por nuestro sufrimiento y Su mano omnipotente no dejará de brindarnos ayuda. La más oscura nube de tormenta se transformará en lluvias de misericordia y la más oscura noche dará paso al sol de la mañana.
  3. Si somos miembros de Su divina familia, Él venda nuestras heridas y sana nuestro corazón lastimado. Nunca pongamos en duda la gracia de Dios por causa de los problemas que hay a nuestro alrededor, sino creamos en que Él nos ama con amor eterno, tanto en épocas de dificultad como en los momentos felices.

Si Dios cuida de nosotros, ¿por qué nos preocupamos? Si confiamos en Él con toda nuestra mente, ¿acaso no podemos confiar con todo nuestro ser? El Señor jamás se ha negado a llevar nuestras cargas, ni tampoco ha desmayado bajo su peso.

Basta ya de inquietarnos y preocuparnos; dejemos todas nuestras preocupaciones en las manos de nuestro Dios, que está lleno de gracia.