Mensaje 2021-Feb-7

Proseguir hacia la meta

Al poseer la imagen y semejanza de Dios, toda persona tiene el llamamiento de relacionarse con su Creador: de vivir en sintonía con Él, agradeciéndole y glorificándole como representante suyo en este mundo, porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras (Efesios 2:10). Implica investigar, descubrir, aprender con el fin de impactar a quienes aún no conocen de Dios. Supone la gestión de recursos y la realización de proyectos, pero siempre en sintonía con los propósitos de Dios, con el fin último de que Él reciba la gloria.

Cuando vivimos la vida de acuerdo con el llamado de Dios, Él nos recompensa. Y aquí está la mejor parte de la recompensa: durará para siempre. A veces nos impacientamos por no ver los resultados que esperamos; sin embargo, la clave de todo está en la espera y la perseverancia.

Hay mayor satisfacción cuando recibimos una tarea o proyectamos una labor y nos esforzamos por desarrollarla hasta lograr el resultado; cuando llegamos al final, entonces entendemos que:

  1. Existe una recompensa: el premio por cumplir nuestro llamado será compartir todo lo que Dios tiene en el cielo ya preparado. Compartiremos Su reino, Su gloria y Su poder, y aún más que eso, viviremos eternamente con Él (Mateo 6:33).
  2. La vida en la tierra es una experiencia. Dios podría solo habernos creado y llevarnos directamente al cielo; pero Él quería confirmar nuestra fidelidad. Él nos da algunas cosas, como oportunidades, relaciones o talentos, y las coloca a nuestro cuidado. Al cabo de algún tiempo Él nos llamará a rendirle cuentas; momento en el cual esperamos que nos diga: “Bien hecho, mi buen siervo fiel. Has sido fiel en administrar esta pequeña cantidad, así que ahora te daré muchas más responsabilidades. ¡Ven a celebrar conmigo!” (Mateo 25:21). Sí somos fieles en lo poco, entonces Él nos podrá confiar todas sus riquezas, poder y gloria por toda la eternidad en el cielo.
  3. La recompensa requiere esfuerzo. Esto lo reitera el apóstol Pablo al decir que los premios requieren de capacidad y decisión al mantenernos de acuerdo con las condiciones dadas por Dios: “Les rogamos, los alentamos y les insistimos que lleven una vida que Dios considere digna. Pues Él los llamó para que tengan parte en Su reino y gloria” (1 Tesalonicenses 2:12 NTV).

El cristiano tiene la misión de vivir para Jesucristo, desde de su posición de estudiante o trabajador, hombre o mujer, soltero o casado, joven o viejo. El llamamiento consiste en servir al Señor y dar ejemplo de la nueva vida en Cristo, tanto en casa como en el lugar de trabajo, cada día laboral y en todo día de descanso, estando en la ciudad o en el campo, en el trabajo o en vacaciones. Nos corresponde afirmar como el apóstol Pablo: “para mí el vivir es Cristo”.

Definamos una meta y pongamos lo mejor de nuestra parte, que si confiamos en Dios, Él va a colocar el resto.