Mensaje 2020-Feb-05

Pablo da consejos a Timoteo sobre lo que debe enseñar a los que son ricos en dinero y posesiones materiales, a aquellos que tienen más que los bienes esenciales de comida, vivienda y vestido. El apóstol no condena a estas personas ni les ordena que se deshagan de su riqueza, sino que les llama a ser buenos mayordomos de los recursos que Dios les ha dado.

La Iglesia Primitiva no solo estaba formada exclusivamente por pobres y esclavos, sino que tenía también miembros ricos. No se les condena por ser ricos, ni se les dice que renuncien a sus riquezas; pero sí se les dice lo que deben hacer con su riqueza y lo que no: su riqueza no debe hacerlos orgullosos, ni deben poner sus esperanzas en ella; se les exhorta a usar su fortuna para hacer el bien, estar dispuestos a compartir y a recordar que el uso sabio de la riqueza les proveerá de un buen cimiento en el mundo por venir.

La Biblia enseña que la posesión de riquezas involucra una gran responsabilidad. El dinero en sí mismo no es el problema, sino que la altivez, la dependencia y el amor a las riquezas es lo que causan muchos pecados. Los que tienen dinero deben ser generosos, pero no deben ser arrogantes solo porque tienen mucho que dar. Deben tener cuidado en no poner, para su seguridad, su esperanza en el dinero, sino en el Dios viviente.

Los creyentes debemos entender que todo cuanto tenemos le pertenece a Dios, y por esto consideramos que, si podemos suplir las necesidades de otros hermanos en Cristo, tenemos la obligación de hacerlo. Aquellos que tienen dinero deben usarlo para satisfacer las necesidades de los demás, de manera generosa y no egoísta. Los ricos de este mundo no deberían preocuparse por los resultados que puedan generarles las inversiones terrenales, sino hacer inversiones eternas, que sus dividendos serán recibidos en el cielo.

Aun si no tenemos riqueza material, podemos ser ricos en buenas obras. No importa cuán pobres seamos, siempre tenemos algo para compartir con alguien. Ser rico en este mundo es totalmente diferente de ser rico para con Dios. Nada es más incierto que los tesoros de este mundo. Los ricos deben entender que Dios les da sus riquezas y que Él puede darlas sólo para disfrutarlas sabiamente, a través del amor y la ayuda a quienes lo necesiten.

Cada vez que podemos dar algo y no lo damos restamos a la riqueza que se nos guarda en el mundo por venir; cada vez que damos aumentamos la riqueza que se nos guarda para cuando esta vida llegue a su fin.