Mensaje 2020-Feb-04

La majestad de Dios y Su benevolencia hacia los hombres, se despliega en las obras de la creación, pero mucho más en la revelación de Su carácter, que lo hace a través de Su Palabra. Las Sagradas Escrituras, no solo son el compendio de nuestros deberes para con Dios, y la manifestación de Su esencia, sino que Son de mucho mayor beneficio para nosotros que el alimento que requerimos o la luz del sol que recibimos.

El temor y el respeto al Señor son buenos y permanecen para siempre, porque emanan de la voluntad incorruptible de Dios, de tal forma que el hombre puede purificar su camino y andar en él confiado. De manera similar, las sentencias y decisiones de Dios se ajustan siempre a la verdad, haciendo que ésta se integre a la justicia.

El Señor no nos ha dejado a la deriva en el mundo, nos ha hablado por Su Palabra, que es Su testimonio (la declaración de Su verdad), son preceptos o mandamientos (para que los obedezcamos), es el temor de Dios (para que le reverenciemos), y reflejan los juicios de Dios (que son decisiones de Su autoridad).

La Palabra tiene nueve (9) cualidades: es perfecta en todas sus partes y en su totalidad; es fiel, es decir digna de confianza; es recta en lo moral; es pura (libre de contaminación); es limpia (de una pureza aceptable a Dios); permanece (no cambia); es verdad; es justa (correspondiendo a la objetividad de las normas); es deseable (llena de valor intrínseco); y es dulce (llena de auténtica satisfacción).

También la Palabra proporciona cuatro (4) resultados: restaura la vida verdadera de cualquier circunstancia que la amenace; enseña (el contenido doctrinal y conceptual de la verdad divina); redarguye (confronta a las personas por su conducta errónea o sus creencias equivocadas); y corrige (no solo exponen y amonestan, sino que también muestran el camino de regreso a una vida devota).

¡La Palabra de Dios suministra el entrenamiento necesario para conducirnos de acuerdo con las indicaciones y los propósitos de Dios!