Mensaje 2021-Feb-16

Tres preguntas de los discípulos

El próximo gran evento, en el calendario de Dios, es la venida de Jesucristo por Su Iglesia, evento conocido como el Rapto. Antes de ello, es bueno estudiar las señales que nos indican cuán cerca estamos de este glorioso momento. Aunque Jesús se cuidó de definir fechas, dejó señales específicas que, unidas a otras de profetas y apóstoles, sirven para seguir el desarrollo de los grandes acontecimientos indicativos de Su pronto regreso. El pasaje clave es el capítulo 24 del evangelio de Mateo, pues allí encontramos al mismo Jesús hablando acerca de este asunto de tan vital importancia.

Los discípulos le mostraron a Jesucristo el magnífico Templo de Herodes, que hacía más de cuarenta años estaba en construcción y que aún no había sido terminado. Al reflexionar sobre la expresión de Jesús “De cierto les digo que aquí no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada” (Mateo 24:2), los discípulos le formulan las siguientes tres (3) preguntas con respecto al futuro: (1) ¿Cuándo serán estas cosas? (refiriéndose a la destrucción del templo), (2) ¿Qué señal habrá de tu venida? y (3) ¿Qué señal habrá del fin del mundo?

  1. El Señor responde a la primera pregunta y predice la destrucción del templo (Lucas 21:20-24). Esta predicción fue cumplida en el año 70 d.C., cuando los romanos (provocados por la intransigencia rebelde de los judíos), y sus tropas, conducidas por el general Tito (hijo del emperador Vespasiano), destruyeron la ciudad de Jerusalén y saquearon el Templo, llevándose cautivos a los sobrevivientes, comenzando así la gran dispersión (o diáspora) de los judíos por todas partes del mundo. Dispersión que duró casi dos mil años, hasta 1948.
  2. Indudablemente, muchos de los que escucharon estas palabras, estarían con vida en el año 70 d.C., cuando los ejércitos romanos rodearon la ciudad sitiándola, aislándola del resto del mundo y abriendo una brecha en la muralla, entraron. La destrucción que provocaron fue terrible y la peor de toda su historia, más devastadora que la que provocó el rey Nabucodonosor, de Babilonia, más de 600 años antes. En esta destrucción de los romanos se cumplió la predicción de Jesucristo y confirmó la profecía de las Setenta Semanas de Daniel: “… y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones” (Daniel 9:26 RVR60).

Notamos aquí que el Señor habla como profeta. Jesús sabía que el camino del poder político solo conduce a la destrucción. La persona y la nación que no toman el camino de Dios, están abocadas al desastre, inclusive en las cosas materiales. La persona y la nación que rechazan el sueño de Dios descubren que sus propios sueños también se desmoronan.

Estamos viviendo en la época en que la gracia salvadora de Dios se expresa en el mensaje de las buenas nuevas del Evangelio; sigamos reiterando la verdad del Señor mediante nuestra conducta apegada a Sus enseñanzas.