Mensaje 2020-Feb-12

Con frecuencia no nos damos cuenta de lo verdaderamente únicos que somos. Cuando Dios te hizo rompió el molde. Nunca ha existido ni existirá alguien exactamente igual a ti.

  1. A Dios le gusta la variedad: Él nos creó a cada uno con una combinación única de atributos personales. Dios hizo a unos introvertidos y a otros extrovertidos, a los que aman la rutina y a los que les gusta la variedad; algunos trabajan mejor solos y otros en grupo. Existen los sanguíneos como Pedro, coléricos como Pablo, melancólicos como Jeremías. No hay temperamentos correctos o equivocados en el ministerio. Necesitamos todo tipo de personalidades para tener un balance en la iglesia y darle sabor. El mundo sería muy aburrido si todos fuéramos iguales.
  2. Dios usa la personalidad: La personalidad afecta cómo y dónde usas tus dones espirituales y recursos. Dos personas pueden tener el mismo don de evangelizar, pero si una es introvertida y otra extrovertida, ese don se expresa de manera diferente. No debemos imitar o desear el ministerio de nadie. ¡Dios te hizo para que seas tú! Puedes aprender del ejemplo de otros, pero debes depurar lo que aprendes a través de tu propia forma. Así como los vitrales, nuestra personalidad refleja la luz de Dios en muchos colores y modelos. Cuando ministras de acuerdo con tu personalidad, experimentas realización personal, satisfacción y productividad.

El Señor asigna a los creyentes áreas ministeriales específicas en las que pueden ejercitar sus dones, y les suministra diversas magnitudes de poder para llevar a cabo su obra.

¡Entiendo que Dios no crea series sino personas únicas y perfectas, con una personalidad propia para ser usada en Sus propósitos!