Mensaje 2021-Feb-1

Confianza en el poder de Dios

Para los estándares del mundo, el ejército de Israel no intimidaba a nadie, pero tenía a Dios de su lado. En aquellos tiempos, los israelitas enfrentaban un gran problema: los ejércitos bien entrenados de Sehón, rey de Hesbón y Og, rey de Basán. Los israelitas casi no tenían posibilidades, pero ganaron porque Dios peleó por ellos.

En estos versículos, la Biblia describe el ánimo que dio Moisés a Josué, quien le iba a suceder en el liderazgo, encargándole que no tuviera miedo y que mantuviera siempre la confianza en el que todo lo puede. De igual manera, nosotros debemos confiar en Dios y encomendarle a Él todos nuestros proyectos, planes y deseos (Salmo 38:9).

Moisés le recomienda a Josué que para sentirse animado, tendría que recordar dos cosas:

  1. Lo que Dios había hecho: Moisés exhortó a Josué a no temer porque el Señor mismo proveería poder sobrenatural y les daría la victoria; le recordó que no tuviera miedo, pues Josué había sido testigo de la victoria total que Dios le había concedido al ejército israelí sobre aquellos reyes.
  2. Lo que Dios había prometido: el Señor nuestro Dios es «el que pelea por Sus hijos». Dios lo haría vencer en todas las regiones por donde tuviera que pasar, porque Dios mismo pelearía por Su pueblo; como hoy lo hace con todos sus discípulos.

Josué inicia entonces la conquista de la tierra prometida sin temor alguno, recordando que Dios le había dado la promesa de hacerlo victorioso en cada batalla. Seguramente nuestras batallas no sean contra grandes ejércitos, pero son tan reales como las de aquella época. Ya sea que nos encontremos tratando de resistir la tentación o luchando contra el temor, Dios nos ha prometido que luchará por nosotros y con nosotros, si le obedecemos.

Consideremos lo que Dios ha hecho, y lo que Dios ha prometido. Si Dios está por nosotros, ¿quién podrá vencernos? Así como el Señor fue fiel con su pueblo en la antigüedad, también lo es hoy con nosotros en los desafíos que tenemos por delante, aun cuando éstos parezcan más difíciles de lo que imaginamos.

De lo anterior se debe inferir, no solo lo que Dios puede hacer en toda circunstancia, puesto que Su poder no se ha acortado, sino lo que Dios puede seguir haciendo, puesto que Su propósito no ha cambiado.