Mensaje 2021-Ene-9

Gratitud en las alturas

Con esta doxología el apóstol Pablo cierra la parte doctrinal de la epístola y a la vez expresa la absoluta dependencia nuestra y de todos con respecto a Dios.

Se define la palabra doxología como una expresión de alabanza a Dios; el término se compone de las palabras griegas doxa y logos. En griego, doxa significa gloria, esplendor o grandeza, mientras que logos significa palabra o hablar. Desde la iglesia primitiva, las doxologías han sido una forma para que los cristianos expresen su amor y agradecimiento por lo que Dios ha hecho en sus vidas.

Todos dependemos absolutamente de Dios; Él es la fuente de todo, incluyendo a nosotros mismos; es el poder que sustenta las leyes del universo y del cosmos en que vivimos; y Dios desarrolla y sustenta todas las cosas del cielo y de la tierra para la gloria de Él mismo. Por tanto, el Dios todopoderoso merece nuestra alabanza.

  1. El creyente verdadero sabe apreciar la pequeñez del mayor de los sabios humanos que haya existido para reconocer la grandeza del Todopoderoso; y recibe con humilde gratitud la revelación que el Dios único ha querido dar de sí mismo. Se ha dado a conocer preeminentemente en Cristo, pero también a través de sus obras y por medio del sublime orden de Su providencia.
  2. Solo existe un Dios Creador de todas las cosas, que las sostiene y las ordena según Su santa voluntad. El proceso de la creación, del sustento del universo y de la consumación de la obra divina es atribuido a Jesucristo, ya que la Palabra revela que el pensamiento del Padre se lleva a cabo en la historia por medio del Hijo y, subjetivamente, por el Espíritu Santo.

Este versículo nos lleva a las alturas, a la presencia del Dios Altísimo. La expresión “Porque de Él” quiere decir que Dios es la causa y el origen de todo; “Por medio de Él” expresa que Dios es el Poderoso Creador y Sustentador; y “Para Él” indica que Dios ha de llamar a todos para responder ante Él. Todas las cosas confluyen en Él. Y la gloria le pertenece a Él por todos los siglos.

Además de ser una confesión explícita de nuestra dependencia respecto de Dios, es la razón por la cual Dios no puede ser deudor de nadie, porque de Él procede todo, mediante Él se sostiene todo y hacia Él, como meta final, tienden todas las cosas; por tanto, «a Él sea toda la gloria por los siglos».