Mensaje 2021-Ene-5

Dar es también agradecer

Una pareja dio una ofrenda generosa a la iglesia en memoria de su hijo que había muerto en la guerra. Cuando el pastor compartió la noticia en el templo, una mujer dijo al oído de su esposo: – vamos nosotros a dar otro tanto por nuestro hijo. A lo que su esposo respondió: – ¿de qué estás hablando? Nuestro hijo no ha muerto.

– Justo por eso, replicó ella. Démoslo como una expresión de gratitud a Dios porque todavía lo tenemos con nosotros.

La Biblia hace hincapié en que nadie sale perdiendo por ser generoso. Dar es como sembrar. El que es mezquino a la hora de sembrar no puede esperar más que una cosecha mezquina, mientras que el que es generoso en la siembra, a su debido tiempo recogerá una cosecha generosa. Jesús nos ha enseñado que lo que hagamos por los demás es como si se lo hiciéramos a Él; y llegará el Día en que todas las veces que abrimos nuestro corazón y nuestra mano darán testimonio a nuestro favor.

  1. No se debe dar por obligación, recordando que Dios ama al dador sincero y entusiasta, y que como el que da semilla al que siembra, Él puede multiplicar su semilla para que puedan seguir sembrando generosamente, pues Dios nos da recursos para usarlos e invertirlos para Él. Dios promete lo que es «suficiente», no lo que es «superfluo», ya que ni lo necesitamos ni nos conviene.
  2. Lo que demos debe hacerse con generosidad, sea más o menos, no con renuencia, sino con alegría. Si tuviésemos más fe y amor desperdiciaríamos menos en nosotros mismos, y sembraríamos más con la esperanza de un crecimiento abundante.

¿Puede un hombre perder haciendo aquello con que Dios se agrada? El Señor puede hacer que toda la gracia abunde para con nosotros, y que abunde en nosotros; puede dar un gran crecimiento de las buenas cosas espirituales y de las temporales; puede hacer que tengamos suficiente en todas las cosas y que nos contentemos con lo que tenemos. Dios no sólo nos da bastante para nosotros mismos, sino además para que podamos suplir con ello las necesidades del prójimo, y esto debe ser como semilla para sembrar.

Debemos mostrar la realidad de nuestra sujeción a los preceptos del Evangelio mediante las obras que realizamos. Esto será para ratificar nuestra convicción cristiana, para la alabanza y la gloria de Dios. Propongámonos imitar el ejemplo de Cristo, sin cansarnos de hacer el bien, considerando que «es más bienaventurado dar que recibir»; y que dar con generosidad es también decirle a Dios “gracias por los favores recibidos”.