Mensaje 2021-Ene-14

… Cuando pases por aguas profundas de gran tribulación, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos no te ahogarás. Cuando pases por fuego no te quemarás, las llamas no te consumirán. Porque yo soy el Señor tu Dios, tu Salvador.

(Isaías 43:1-3a NBV)

Apartados y consagrados a Dios

En tiempos de la cautividad de Israel, Dios le expresa al pueblo que, a pesar de su fracaso espiritual, Él les mostraría misericordia, los traería de regreso del cautiverio y los restauraría; les llenaría de amor para que el mundo conociera que únicamente Él podía hacer algo tan extraordinario.

El favor y los buenos propósitos de Dios hacia su pueblo hablan del consuelo abundante que Él tiene para todos los creyentes. Quien ha nacido de nuevo, independientemente del lugar en donde se encuentre, ya es un hijo de Dios; a todos los redimidos con la sangre de Jesús, los ha llamado santos, apartados para Él y consagrados a Él:

  1. Quienes tenemos al Espíritu de Dios, no tenemos por qué temer a quienes estén en contra nuestra. Los creyentes verdaderos son muy estimados a los ojos de Dios; Su complacencia está con ellos por sobre cualquier otra persona; aunque pasen por aguas profundas o ríos de dificultad, el Señor los respaldará; y si pasan por el fuego de la opresión, las llamas no los quemarán, pues el Señor es Su Dios y Su Salvador.
  2. A través del llamamiento a Abraham, Dios formó a Su pueblo haciéndolo especial para Él; les dio un nuevo nombre y los protegió en tiempos difíciles. También nosotros somos importantes para Dios, y a través de Su Hijo Jesús nos llama a cada uno y nos sella con Su Nombre Santo; mientras llevemos su maravilloso nombre, nunca debemos hacer nada que le avergüence; y si pasamos por tiempos de dificultad, quizás nos conduzca a crecer más fuerte, pues si vamos con nuestras fuerzas, es muy probable que nos ahoguemos. No obstante, si invitamos al Señor a ir con nosotros, Él nos protegerá.

Estos versículos le dan a Israel, con elocuente detalle, la misma seguridad que Cristo le da a la iglesia: que las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Ni el fuego, ni las aguas, ni los pueblos, ni la distancia, pueden afectar a los escogidos por Dios; cada uno está convocado a considerar solícitamente, que Dios lo llama «mío eres tú».