Mensaje 2021-Ene-13

Siempre buscar a Dios

Dios no olvidó a su pueblo, aun cuando estaba cautivo en Babilonia. Planeó darles un nuevo comienzo con un nuevo propósito: convertirlos en nuevas personas. En momentos de intensas dificultades, tal vez parezca que Dios se ha alejado de nosotros; pero quizás nos prepara para un nuevo comienzo en donde Él se encuentre en el centro de nuestra vida.

Dios ve el comienzo de nuestra vida y ve el final y todo lo que alrededor se sucederá. Dios ve nuestro futuro antes de que se convierta en nuestro presente. Conoce los planes que tiene para nosotros y espera confiadamente que vayamos a Él, y cuando así lo hacemos, nos rescata de la sujeción al pecado y nos hace sanos de nuevo.

  1. Como creyentes, debemos entender que Dios no solo es nuestro Creador, sino que Él también desea ser el Señor de nuestra vida; cuando apartamos nuestros ojos de Él, comenzamos a perderle de vista y empezamos a dirigir nuestra vida hacia el pecado y hacia las oportunidades que ofrece el mundo. Cuando permitimos que esto último suceda, nos alejamos de Dios y le damos la oportunidad a Satanás de reclamar la victoria. Debemos recordar que las Escrituras nos dicen que “no se conformen a este mundo; más bien, transfórmense por la renovación de su entendimiento de modo que comprueben cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2 RVA).
  2. De acuerdo con los sabios propósitos de Dios, los cautivos en el reino de Nabucodonosor iban a tener esperanza y futuro; a pesar de que se encontraban en un lugar extraño y en tiempos difíciles, no debían desesperarse porque tenían la presencia y la gracia de Dios. Así nosotros hoy, podemos encontrar a Dios cuando lo buscamos de todo corazón, cuando le consagramos nuestros planes, negocios, proyectos y anhelos. Problemas, tristezas, frustraciones o cualquier otro tipo de dificultad, no pueden romper esa comunión.

Dios no nos creó para vivir una vida distraída, nos creó para vivir una vida consagrada a Jesús. Debemos priorizar nuestro tiempo y destinar un espacio para la oración diaria. Cuando las cosas se ponen agitadas, lo más sensato es tomarse un tiempo e ir a un lugar tranquilo para escuchar a Dios, tal como Jesús lo hizo muchas veces. La Escritura nos dice que si nos acercamos a Dios, Él se acercará a nosotros (Santiago 4:8).

Cuando caminamos con el Señor y nos acercamos a Él con todo nuestro corazón, Él se convierte en nuestro foco. Nuestro corazón anhela por Él y busca Su presencia. Nuestro deseo de tener comunión con Cristo y ser como Él crecerá mientras que nuestros deseos mundanos disminuirán.