Mensaje 2021-Ene-10

Acción de gracias por la justicia de Dios

El Salmo 9 es el canto de alabanza de un rey que ha triunfado sobre sus enemigos. El salmista contempla a Dios que, desde Su trono alto, gobierna la humanidad. Comienza dándole gracias por la victoria otorgada al pueblo de Israel, sobre las naciones que fueron tomadas en sus propios lazos. El honor y la gloria de Dios se reivindican cuando Él juzga y castiga a los malvados. El poema termina con una plegaria por el juicio de Dios sobre las nociones enemigas.

El Salmo 9 también es un acercamiento a la profecía. Comienza con una alabanza por la victoria inminente cuando todas las cosas serán puestas bajo el control de Aquel que todo lo puede; es un pronóstico profético sobre cuáles serán las condiciones en el mundo cuando el Hijo del hombre haya recibido el trono en justicia y en paz, una canción de alabanza, a la cual se unirá la población de la tierra en aquel día.

Alabar es expresarle a Dios nuestra gratitud y reconocimiento. Es decirle «gracias» por cada uno de los atributos de su naturaleza divina. Nuestra actitud interna se vuelve una manifestación externa, que nos ayuda a incrementar así nuestra visión de quién es Él.

El rey David Alaba a Dios por haber salido en defensa de su causa y haberle concedido la victoria sobre los enemigos de su país; encontramos en este salmo, grandes enseñanzas para nosotros hoy:

  1. David alaba a Dios por los favores y obras maravillosas que ha llevado a cabo recientemente para él y su reino. El regocijo nuestro es una expresión de una alabanza de agradecimiento, así como esta alabanza es el lenguaje para manifestar nuestro gozo («Me alegraré y me regocijaré en Ti »).
  2. Reconoce el poder absoluto de Dios, al que ningún enemigo, ni aun el más fuerte o el más astuto, puede hacer frente. La presencia del Señor y la gloria de Su poder son suficientes para destruir a los enemigos de Dios y de nosotros Sus hijos.
  3. Da a Dios la gloria de su justicia al aparecer en favor de él. Así nosotros, debemos darle a Dios toda la gloria por nuestros éxitos, nuestros fracasos, que también enseñan, y por todas las bendiciones que recibimos cada día.
  4. Halla en Dios consuelo para sí mismo y para otros; como también nosotros hoy encontramos consuelo en el Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que así también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier tribulación (2 Corintios 1:3-4).

Si queremos alabar a Dios aceptablemente, debemos alabarle con sinceridad, con todo nuestro corazón. Cuando damos gracias por alguna misericordia en particular, debemos recordar sus misericordias anteriores. No debemos regocijarnos en la dádiva tanto como en el Dador.