Mensaje 2021-Abr-30

Cultivar la vida en comunidad

Hay nueve (9) características de la comunión bíblica, que debemos aprender:

  • Autenticidad: expresamos nuestros verdaderos sentimientos.
  • Reciprocidad: nos animamos unos a otros.
  • Compasión: nos apoyamos unos a otros.
  • Misericordia: nos perdonamos unos a otros.
  • Sinceridad: hablamos la verdad en amor.
  • Humildad: reconocemos nuestras debilidades.
  • Amabilidad: respetamos nuestras diferencias.
  • Confidencialidad: no andamos en murmuración.
  • Frecuencia: hacemos de la comunión una prioridad.

En la iglesia del primer siglo, los creyentes se ayudaban y se apoyaban mutuamente teniendo presente varios aspectos que permitían cultivar una apropiada vida en comunidad:

  1. Cultivar la vida en comunidad requiere compromiso: para lograr este objetivo necesitamos el poder de Dios y nuestra determinación (1 Timoteo 3:14-15).
  2. Cultivar la vida en comunidad requiere sinceridad: Se debe estar interesado en decir siempre la verdad fraternalmente, aunque a veces pueda causar dolor. La Palabra de Dios ordena: “…sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15), porque no podemos formar una comunidad sin franqueza (Proverbios 24:26).

En muchas congregaciones y pequeños grupos, cuando surge un asunto que pueda provocar tensión o incomodidad, inmediatamente se le pasa por alto para preservar un falso sentido de paz. Todos saben cuál es el problema, pero nadie lo expresa francamente. Esto produce un ambiente viciado de secretos y multiplicación de las murmuraciones (Efesios 4:25).

  1. Cultivar la vida en comunidad requiere franqueza: La comunión verdadera depende de la franqueza, ya sea que se trate de la pareja, una amistad o tu iglesia. Cuando un conflicto es bien manejado y se encaran las diferencias para solucionarlas, se estrechan las relaciones.

La franqueza no debe ser una licencia para decir lo que se nos antoja, donde se quiera y cuando se quiera (esto es impertinencia). Las palabras irreflexivas dejan cicatrices profundas. Dios nos manda, en la iglesia, a hablarnos unos a otros como miembros afables de una familia (1 Timoteo 5:1-2).

Al reconocer a los otros creyentes como hermanos en la familia de Dios, los cristianos de la primera iglesia compartían lo que tenían de manera que todos se beneficiaran con las bendiciones de Dios. La familia de Dios trabaja mejor cuando sus miembros lo hacen juntos. Como parte de la familia espiritual de Dios, tenemos la responsabilidad de ayudarnos mutuamente cuando sea posible.